Gracias por confiar en Movistar

01 julio 2014
Llevo escuchando este mensaje sin parar durante este día y medio. ¿Motivo? Más les vale que me repitan que tengo que confiar en ellos porque sus actos no lo demuestran en absoluto. El mundo de las redes es algo curioso. Tan curioso como que no te funcione el WiFi en casa, llames a Movistar y terminas con un parte técnico y sin red, ni WiFi ni cable (y da gracias que de rebote no te quitan los datos del móvil por la incompetencia).

Pero como todos sabemos ya, Movistar (y supongo que el resto de líneas telefónicas) arregla las cosas de manera muy sencilla: viene un técnico a casa y te cambia el router. Listo. Con eso se lleva todos los fantasmas y ratones muertos de tu router como si fuera la panacea. Tan práctico como que te saquen un riñón y te metan otro, a ver si así todo sale a pedir de boca.

Me ha durado la alegría de mi conexión WiFi aproximadamente una hora. Lo justo para que el técnico ya haya llegado a su casa sabedor de haber hecho un buen trabajo sin ser consciente de que por detrás estoy metiendo otro parte técnico porque, sorpresa, vuelvo a no tener WiFi.

Lo bueno de los técnicos de Movistar es que se llevan bastante mal con los de atención al cliente. Normal, teniendo en cuenta que estos últimos son unos completos incompetentes y ellos por lo menos vienen a casa y toquetean un par de cacharritos. Creo que la diferencia entre lo que hacen los técnicos de Movistar y yo es que ellos pueden traerme muchos routers gratuitamente, y yo me tendría que movilizar y pagar por uno de ellos en una tienda.

El estado actual de mi línea es: funciono… O no. Y debo dar gracias por ello, por lo visto. Todo volvió a la normalidad de forma esporádica hasta que hace un día volvió a fallar el WiFi, para que no me relajara en mi ambiente tecnológico doméstico. Mi estado actual es: con un cable de red en la mano. Y así me encontré ayer para sacar las entradas de la TLP. Pegada al mueble del salón como si se me hubieran caído mil euros por detrás, con el cable bien sujeto al portátil y rezando porque los problemas en mi línea se hubiesen reducido definitivamente y, al menos, sólo al WiFi y no incluyesen una línea con tendencias a caerse eventualmente.

Lo bueno de mi red es que es autosuficiente. Falla y si al día siguiente me voy de casa, cuando vuelvo está arreglada por ella sola. Ha decidido confiar en sí misma, que gente confiando en Movistar hay mucha y, por desgracia, ellos no saben que es la confianza más desperdiciada de toda su vida. Gracias por confiar en que hay gente que confía, porque los muy escépticos como nosotros estamos esperando a ser unos genios de la tecnología para hacernos nuestra propia línea.

Nunca hemos vivido una guerra

29 mayo 2014
No tenemos ni idea de nada. Primer hecho indiscutible. Y a pesar de esto tenemos la obligación de opinar sobre todo porque transmite interés por lo que nos rodea, aire de pertenencia y necesidad de motivación. ¿Es relevante? Puede parecer extravagante que si a una persona le preguntasen sobre algo, ésta contestara sinceramente que no tiene ninguna opinión al respecto; puede parecer castigable que, por otro derrotero, tenga un punto de vista radical (en cualquier sentido de la palabra) o podría decirse incluso hilarante.

No sabemos nada de todo. Creemos que tenemos un juicio supremo o una capacidad robótica para imaginar una situación y saberlo completamente todo sobre nuestra hipotética e imaginara respuesta durante dicha situación. La verdad es que no hemos vivido una guerra, un videojuego no logra que sepas disparar, las noticias no te explican por qué es o no necesario que alguien apriete el gatillo, los profesores no te enseñan las necesidades de la pérdida de vidas.

No hemos vivido una guerra. Para bien o para mal no sabemos si las consecuencias de la misma nos benefician o nos destruyen, si tenemos que olvidarnos de todo lo que nos rodea y luchar por un sentido mayor, si las bombas caerán sobre tu tejado o tu hermano será quien se las tire al vecino. Podemos decir si estamos a favor o no de la guerra, si participaríamos en una, si nos gustaría que fuera una opción como otra cualquiera, pero no podemos acertar hasta probar.

Hay personas que dicen que si estallase la guerra cogerían a su familia y se irían lejos para no volver. No saben si para salvar a su familia tendrán que lidiar con la guerra por el camino, o si tomar parte en ella para conseguirlo.

Hay personas que dicen que las consecuencias de una guerra son justificación suficiente como para no empezarla. No saben si para lograr algo necesario al final no hay otro camino que el daño colateral. No saben si habrán otros que opinen que la guerra es un cruel beneficio del que luego abastecerse.

¿Qué creo yo? Creo que la guerra es necesaria y que siempre lo ha sido. La ley de la naturaleza, todos sabemos pegarnos y emplear la violencia para obtener un añadido, incluso aunque nunca hayamos hecho uso de ella. Todos sabemos respetar a alguien cuando hay una supremacía en la batalla, todos sabemos ser aliados por un interés común.

Las grandes genialidades (en todos los aspectos) provienen de la guerra. No quiero hacer juicios de valor, hablemos de genialidades de forma objetiva, independientes de los gustos de cada uno Creo que yo podría participar en una guerra y quedarme voluntariamente para vivirla. Pero no lo sé, igual mi miedo es superior a mi fantasía de deber. Quiero saberlo y por eso me estoy encaminando a descubrirlo.

Nunca hemos vivido una guerra pero probablemente no muramos sin ser contemporáneos de una. Nunca seremos partícipes de bastantes cosas sobre las que opinemos. No podemos vivirlo todo, así que si algo te llama la atención más que el resto, encamínate hacia ello. Necesitamos a más gente sabiendo de lo que habla que a personas que opinan sobre todo.

No hemos vivido una guerra, pero sabemos que se ganan haciendo daño de verdad, siendo pensativo y actuando cuando es necesario y de forma certera. Luchando por los que lo dan todo y dependen de ti, por los que te han apoyado. Como la vida. Como una vida en guerra. Como la guerra.

Anhelos de una vida mejor

02 mayo 2014
A veces, el querer una vida mejor no consiste en buscarla en las personas que te rodean, no es un afán en robarle al compañero las características de esa vida que él se ha labrado. A veces, el querer una vida mejor consiste simplemente en querer volver al pasado, no con arrepentimiento sino con admiración.

Admiro mil y un momentos que he vivido, cómo los he afrontado, cómo han sucedido, y lo que ellos han implicado. Muchos de esos momentos sé que no existirían si no se hubieran sucedido otros de los que no estoy orgullosa, solamente sucedieron sin más. Está claro que si me quiero quedar con circunstancias concretas, deberé aceptar otras muchas otras que tampoco tenía en mente acoger. Así de complicada es nuestra vida, depende de demasiados factores como para poder diseccionarla para analizarla, es el claro ejemplo de por qué volver atrás en el tiempo no es viable ya no sólo a nivel físico sino lógico o consecuente.

Siempre he comentado que hubo un momento de mi vida en el que cambié, y creo que ese cambio se nota demasiado en mi blog. Hoy he anhelado saber escribir como antes, tener la capacidad de vaciar la mente hasta escribir sin tener conocimiento de ello, proyectar mis divagaciones en una pantalla y compartirlas con el mundo, porque sabía qué decía aunque no hubiera prestado atención en el proceso. Hoy cada día me cuesta más escribir, porque siento que no me llegan las palabras, ésas que han estado conmigo en cada momento, ésas que un día abandoné y sé que jamás volverán, por muchas máquinas del tiempo que emplee. Para que ellas vuelvan tengo que volver yo, y los cambios, las pocas veces que se suceden, son irreversibles.

Cuando me imagino en un futuro, me veo tal y como era y como quiero ser ahora. Me imagino que, por fortunas del destino, se vuelve a producir otro acontecimiento inverosímil que me haga volver a mi yo. Entonces mi futuro parece mucho más mío, me reconozco en cada situación y me gusta cómo soy. Sé que ese futuro no va a ser posible, ni en personalidad ni en circunstancia, pero aunque muchos se obliguen a abandonar los sueños por no perder la esperanza, yo sigo insistiendo en que me quede algo mío, recursivo para mis momentos en los que quiera ser yo.

No nos confundamos, estoy bien como estoy. O podría decirse que simplemente no estoy mal, no apruebo el cambio aunque esté contenta con él. Soy como una persona que no quería comprarse algo y que cuando se lo regalan lo usa casi sin darse cuenta. Quizá nunca me planteé – e incluso ahora que la tengo tampoco – modificar una personalidad que era tan yo y poco los demás. Quizá ahora que ya está cambiada me planteo cómo es posible que eso haya pasado. Quizá simplemente anhelo ser como era porque me gusta más mi anterior entorno que el de ahora. Quizá, cuando todo esto termine y me encuentre en otro lugar, entienda por fin que este cambio no está de más, y me imagine en mi no ya tan futuro como soy en estos momentos, sin anhelos de otro futuro.

De momento, me queda convivir con la circunstancia, con quien soy a ratos y con quien quiero ser muchos otros. Simplemente soy dos personas que no quieren convivir juntas, o sí, pero a las que les cuesta más decidirse que ponerse de acuerdo. Puede que mi deseo de futuro ya no sea tanto cambiar yo, si no ser tal y como tenga que ser en otro futuro que de verdad espero no sea la realidad que ahora me persigue.

Me canso con facilidad de los entornos cuando he llegado a mi bajo límite de aburrimiento, necesito estar constantemente modificando lo que me rodea, no absolutamente todo, sino sólo lo que me angustia, para poder seguir avanzando. Anteriormente eran los institutos a los que iba, y doy gracias a quien haga falta de haber pasado por tres en lugar de haberme tenido que quedar en uno desde mi infancia, como mucha gente hace. Cinco años en la universidad son mucho más que suficientes como para querer salir corriendo de allí y simplemente puedo dar gracias de que mi entorno personal se haya modificado con frecuencia, en ocasiones incluyendo factores externos a la universidad, para poder seguir respirando cada día.

De momento, me quedo con secuestrar de vez en cuando los matices y personas de mi vida que me importan, para meterlas todas de relleno en mi futuro imaginado. Simplemente tengo claro lo que quiero y eso, le pese a quien le pese, nunca ayuda.