Igual no somos tan brillantes




Alumnos asistiendo a una clase de Resistencia de Materiales y Elasticidad

Igual no somos tan brillantes. Es algo en lo que deberíamos pararnos a pensar, ¿no? Porque si sólo un 0,8% de nosotros es capaz de aprobar un examen (disculpa, una parte del examen de la convocatoria extraordinaria de una asignatura de segundo curso de los cuatro cursos que componen toda la carrera, una minucia vaya) es posiblemente porque igual no somos tan brillantes.

Yo puedo decir a día de hoy que soy Ingeniera Aeroespacial (con mayúsculas, porque lo único que sí aprendemos todos y además, con nota, es a ser más elitistas que nadie y a creernos lo mejor de lo mejor). ¿Cómo? No me lo pregunten porque definitivamente no tengo muy claro cómo lo he conseguido. En 5 años, del grupo de los “tontos”, nada de pasar a curso por año que eso no se lleva, luego no tienen a quién echarle la culpa del bajo rendimiento académico que se produce en la escuela.

Nos hemos hecho muy famosos estos días, sí, curioso. Hemos saltado a la luz porque esa cifra del 0,8% ha llamado la atención de algún señor de El País. Igual porque tiene algún familiar que se encontraba entre esos “no elegidos para la gloria” que nuestro tan querido vicerrector dice que podemos llegar a ser. Ése que luego apela a nuestra falta de madurez y a que no sabemos afrontar las asignaturas, que nos creemos que todo nos lo van a dar regalado, que en la vida hay que luchar (como si no perdieras la mitad de tu fuerza vital en el camino hacia el éxito en esta ensalzada carrera), que se vanagloria de que los alumnos del MIT (ese sitio a donde quieren ir los ingenieros, no a la UPM) que vienen de intercambio suspenden los exámenes con un 2 porque está muy distendido en esta escuela eso de que somos la créme de la créme y que de aquí sólo salen los mejores.

Lo siento, señor de El País, y lo siento ETSIAE, porque se haya producido este terrible malentendido. Porque no se pare de hablar de ese examen en concreto en esa asignatura en concreto este año en concreto. Es una, me hubiera gustado que este tema saliera a la luz mucho antes, podríamos comentar con muchísima gente una serie de cosas. Yo sólo soy una y mis experiencias sólo mías. Me parece un poco triste que esto que estoy escribiendo se quede manido en contenido por todas las cosas que no sé, pero espero que las cosas que sé y que he vivido sirvan para que todo el mundo entienda por qué esto es un terrible malentendido.

La principal (y única, me atrevería a decir) causa de que yo haya terminado en cinco años y no en cuatro se llama Física I. Física I es una asignatura un tanto elitista, como mi escuela, sólo acepta a unos pocos y la verdad es que le gusta mucho cambiar de un año a otro. Es una asignatura que yo llevé hasta la tercera matrícula (por si alguien no maneja esa unidad, 560€ aproximadamente). Una asignatura por la que lloré cuando la vi aprobada y no por la alegría que me producía quitármela de encima, sino porque por aquel entonces ya se me caía la cara de vergüenza al tener que pedirle a mis padres que pagaran tanto por una única y exclusiva asignatura.

Por aquel entonces, cuando yo entré en la carrera (antes era EIAE, no ETSIAE, se dieron cuenta un poco tarde que era más rimbombante con muchas más letras que equivalían a excelencia), no podías matricularte de todos los créditos que quisieses, tenías un límite. Y ese límite fue el que me hizo tener que dejarme asignaturas por haber suspendido otras, y empezar así el retraso de lo que sería un año de más en la carrera. Claro que por aquel entonces no sabía que volvería a suspender Física I una vez más, y ahora pensándolo pues me doy cuenta de que no habría podido abarcarlo de ninguna manera. Lo que yo he podido aprender de Física I es algo que, por desgracia, pocos en la escuela van a poder aprender, porque cuando a una asignatura le tienes que dedicar el triple de horas de las que se supone que te exige para poder tener alguna opción de aprobarla (y por los pelos, dando las gracias) eres consciente de que en clase no enseñan todo lo que deberían enseñar o que en los exámenes te exigen demasiado con respecto a todo lo que te enseñan. Aunque eso, por desgracia, no es nada nuevo en mi escuela.

Cuando yo ya había aprobado Física I se produjo un fenómeno curioso en mi escuela. Resulta que si pones una asignatura embudo en el primer año las cosas se te van un poco de las manos. Sobre todo cuando hay 650 alumnos de nuevo ingreso cada año. 650. 650. ¿A alguien le parece eso normal? Luego tendremos que dar las gracias de que al ser tantos los egresados tenemos la opción de poder entrar que, de otra manera, si fuesen por ejemplo 200, igual no nos daría la nota. Eso ha sido así toda la vida, y nadie ha muerto por ello que yo sepa. Total, que al año de haber aprobado Física I se plantaron en la asignatura aproximadamente 1800 matriculados. Para realizar el examen de la asignatura tenían que reservar la mitad de las aulas de la escuela (es una exageración, sólo reservaban todas las aulas de examen y alguna que otra más aparte). Ese año se podía aprobar por parciales (cosa que no sucedía ninguno de los tres años que yo la cursé), te daban puntos por ir a clase o casi por existir para poder quitarse a los alumnos de encima. Ese año, la tasa de aprobados en Física I fue tal que no se repetirá jamás en una asignatura de la escuela.


Aulas reservadas para realizar el examen de Física I de la convocatoria ordinaria (Enero)

Y esto te hace pensar, ¿es necesario funcionar de esta manera? Que la asignatura sea tan jodidamente complicada que tengas que hacer exámenes casi de bachillerato para que no haya opción de que se quede algún rezagado. Campus de excelencia internacional. Y esto en una asignatura de primero, encontrarte lo que sucede en Resistencia de Materiales y Elasticidad al año siguiente es lo menos que te puedes esperar.

Yo aprobé Resistencia de Materiales y Elasticidad a la primera, aunque no la cursé en mi segundo año sino en el tercero (fue una de las elegidas para quedarse atrás). En mi año habían tres parciales, las prácticas eran voluntarias (y ya teníamos que dar gracias de que al menos tuviéramos la posibilidad de ello) y, siendo sinceros, el examen era relativamente coherente para lo que te enseñaban en la asignatura. Yo no me voy a quejar de eso, en mi año tuve una serie de suertes a favor que me ayudaron también. Pero he visto ese famoso examen que ha suspendido todo Cristo, lo he visto y lo he analizado y sí, podría haberlo aprobado, yo, que me he sacado la carrera y que he pasado por asignaturas después que me han dado los conocimientos para entender ese examen. Una persona de segundo que la primera vez que topa con cosas del estilo es en esa asignatura no tiene manera viable de aprobar ese examen porque, le pese a quien le pese, son contenidos que NO se enseñan en clase, y que venga alguien con pruebas de lo contrario.

Y es cuando te paras a pensar, ¿por qué se les habrá ocurrido poner un examen con contenidos que no se dan en clase? Igual es que no somos tan brillantes. O igual es que no llegamos a entender que las clases deberían estar relacionadas con la forma de evaluar la asignatura. Porque todo los que hemos estado en esa escuela sabemos perfectamente que en el examen no puedes esperar que te pongan el 100% de contenidos dados en clase, sabes que no. Y sí, muchos dirán, no sé por qué se quejan de eso cuando hay gente que se saca con honores la carrera y ellos por lo visto sí que se saben el 100% de ese examen que contiene cosas no dadas en clase. Y yo me alegro, hay mucha gente inteligente en mi escuela que tiene la capacidad de desarrollar cosas que no le han explicado anteriormente. Bien por ellos. Pero me parece triste que tengamos que jugar a la pregunta sorpresa en una carrera que se presupone te forma para el futuro con una seriedad relativa.

Como todo el mundo dice que una imagen vale más que mil palabras, podemos hablar de las múltiples imágenes que se han divulgado por mi escuela de aulas en las que impartía un profesor en concreto llenas de gente, personas por fuera de el aula sentadas en bancos, en el alféizar de la ventana, de pie en el pasillo asomados por la puerta para poder coger notas en las libretas que tienen que sujetar en el aire. Y esto se produce porque hay otras siete aulas vacías, con igual cinco alumnos que le prestan atención a una serie de profesores que ni quieren dar clase ni saben cómo hacerlo. Porque por desgracia la escuela está llena de profesores que están obligados a impartir clase para poder estar ahí investigando (nadie sabe el qué con exactitud).

Puede que otra asignatura en la que haya aprendido también bastante es en Métodos Matemáticos, asignatura de segundo que tuve que repetir, simple y llanamente, porque no me enteraba de nada y porque la dejé para el año siguiente (no siempre le echamos la culpa de los suspensos a los demás ya que, aunque el vicerrector no lo crea, algo de madurez tenemos). Lo que se impartía en esa asignatura el primer año que la cursé no tenía nada que ver con lo que se impartía al año siguiente. Para mí, fueron dos asignaturas completamente diferentes que se llamaban de la misma manera y que, curiosamente, ese era el único parecido que guardaban. Me resulta anecdótico porque esto pasa tanto para los contenidos de la asignatura como para la forma de evaluarlas de un año a otro, y seis años más tarde se sigue produciendo en más de la mitad de las asignaturas de la carrera.

El método más extendido de evaluación en mi escuela es el tipo test. ¿Por qué? ¿Es más fácil para los alumnos, es una forma rápida de corrección…? Pues, en palabras de un profesor de mi escuela: “a los profesores en esta escuela se les paga por investigar, no por dar clase, por lo que si perdemos el tiempo corrigiendo exámenes a mano en lugar de investigar, estamos perdiendo dinero. Así que ponemos los exámenes tipo test para que los corrija una máquina y así no tengamos que preocuparnos”. Y luego lo que pasa es que los exámenes son tipo test y ni siquiera te recogen las hojas que has empleado para desarrollar el problema, no vaya a ser que lo tengas bien hecho y te hayas confundido marcando respuestas y puedas tener algo que respalde que te mereces el aprobado.

Voy a ser legal. No todas las asignaturas evalúan mediante tipo test (curiosamente, la controvertida Resistencia de Materiales y Elasticidad, sí), hay bastantes que son a desarrollar y en muchas ocasiones se agradece, en otras no tanto. Supongo que todo depende de que sepas cómo funciona tu asignatura y que seas capaz de entender cuáles necesitan un tipo de evaluación y cuáles otra, no en función de cuanto te quieras rascar la barriga para decidir si los alumnos aprueban o no. Luego pasan estas cosas, como que en Mecánica Clásica (asignatura también de segundo) te repartan el examen con las respuestas correctas marcadas. Un desliz lo tiene cualquiera, al fin y al cabo.

Pero hablemos de los profesores que se dejan la piel dando clase. Como en Termodinámica Aplicada (asignatura de tercero de carrera de la especialidad de Propulsión Aeroespacial) donde el profesor venía a clase básicamente a contarte si el tiempo estaba bien, que si las naranjas no son redondas, a asegurarse de que te sabías el valor de la densidad del aire y a hacerte el favor de hacer un problema al mes a medias. Luego, claro está, en el examen tenías que desarrollarle un problema entero (tres parciales en esa asignatura, luego tres problemas) que no ibas a saber hacer con lo que te explicaba en clase, si a eso le podemos llamar explicar, y tampoco con el material de clase porque no había material de clase. Al final se basaba en un trabajo de investigación que duraba un cuatrimestre entero y que te daba como recompensa un aprobado si le dedicabas, una vez más, tiempo extra de tu vida mientras lo compaginas con el resto de asignaturas (esta la repetí, también). La asistencia a clase, una vez más, prescindible, cuando eres consciente de que no son horas aprovechables. Y es una pena, porque probablemente es una de las asignaturas que más me han gustado de la carrera y si hubiese tenido un profesor que al menos se molestara en dar clase, igual hubiera aprendido muchísimo más de lo que pude aprender por mi cuenta.

Más profesores que se dejan la carne en el asador. Economía (asignatura de primero de carrera) es esa asignatura en la que el año que yo la cursé se dedicaban en clase a echarse la culpa entre unos y otros profesores. Los de la ETSIA porque son más guays, los de la EUITA porque los de la ETSIA dicen que son más guays… Y entramos en una campaña bélico-política en la que alumnos de primero no tienen ni pajolera idea de qué significa y donde, una vez más, se ven perjudicados sus expedientes y sus vidas. Ahora que las escuelas están unificadas y sólo existe la ETSIAE, digamos que en esa asignatura se dedican a hacerle la vida imposible a los alumnos, poniendo exámenes que no tienen ni pies ni cabeza para luego inflar las notas de tal manera que aprueben algunos, por lo menos, que si no luego te empiezan a mirar mal, como les ha pasado a los de Resistencia de Materiales y Elasticidad (igual tendrían que haber aprendido un poco de este departamento).

Luego están los profesores que saben tanto de su asignatura que no puedes objetar nada al respecto. Como un curioso profesor de Matemáticas I (asignatura de primero de carrera) que cuando había clase de problemas los iba escribiendo en la pizarra mirando una hoja. Un día esa hoja desapareció por el hueco que hay entre la pared y el radiador y digamos que, una vez la hoja no pudo recuperarse, tampoco se recuperó esa clase. No queramos creer que era porque el profesor no sabía hacer el problema, al fin y al cabo son gente que lleva toda la vida investigando.

No quiero que paguen justos por pecadores y repito de nuevo, a pesar de que hayan más cosas malas que buenas en esta escuela, existen los profesores que merecen la pena, esos que llenan las aulas por dentro y por fuera. Y probablemente por eso hayamos podido capear el temporal los que ya hemos terminado, y puede que sea de chiste que vayas a tu profesora de Estadística a preguntarle cosas de Mecánica de Fluidos porque sabe más que los propios profesores que dan esa asignatura o, puede que no sepa más, pero tiene la capacidad como profesora que es de explicártelo.

Dicen de Bolonia que es un plan de estudios que intenta que prime el trabajo en equipo. Y que venga Dios y lo vea si eso pasa en mi escuela. Lo de las prácticas voluntarias, como sucede en Resistencia de Materiales y Elasticidad, se debe única y exclusivamente a esos 650 egresados anuales que ya he mencionado, porque no hay los medios suficientes en la escuela para meter a esos alumnos (más repetidores) en un laboratorio donde caben 20 personas como mucho. Te tendrías que pasar todo el curso poniendo tandas de prácticas para que todos puedan hacerlas y claro, qué pereza quedarte hasta tan tarde en la escuela, como si tus alumnos no tuvieran que quedarse también en la escuela contigo. No sería la primera vez que salgo de unas prácticas de laboratorio a las 21:30. Una hora muy coherente, pero fíjate, esa falta de madurez nuestra nos hace creer que es mejor salir a esa hora que no tener prácticas.

Y entre las asignaturas que ponen prácticas y las que las ponen voluntarias están los que ni se molestan en poner prácticas. O las prácticas que sólo cuentan a partir del aprobado, o las prácticas que ni cuentan, las que no te guardan de un año a otro (aunque por normativa UPM deberían guardártelas con un 5 en caso de tenerlas aprobadas)… O las prácticas/trabajos en grupo donde dentro del mismo grupo de trabajo cada uno tiene una nota diferente, siendo un único trabajo el que se entrega de parte de todos.

Todo esto, al final, repercute en tu resultado y tu resultado repercute en tu aprobado. Y en lo que tengas que pagar por suspender. Porque como si no tuvieras suficiente con tener que cursar una vez más la asignatura, tienes que pagar más por ella. Porque te juzgan y te señalan, te acusan de suspender y te hacen pagar por ello. Es otra forma más de hacer sufrir a los alumnos. Alumnos que se saben mejor que algunos profesores su propia asignatura y que llegan al examen llenos de dudas y miedo, porque no pueden volver a fallar, porque suspender significa más dinero, otro año en la escuela; porque suspender quiere decir que por mucho que te supieras esa asignatura, tu moral está tan minada que eres incapaz de fiarte de ti mismo. Y al final, en un examen, no importa tanto cuánto sepas sino cuánto confías en ti mismo. Y eso es algo que desaprendes en esta escuela.

Lo peor de todo no es que los alumnos salgan de la escuela creyéndose peores que el resto del mundo, por mucho que nuestro querido vicerrector diga que nos estamos muriendo del éxito, que nos salimos por las ventanas porque todo el mundo quiere venir a nuestra escuela. Lo peor de todo es que hay algunos alumnos que no pueden salir de la escuela porque no se lo pueden permitir. Porque todo tu esfuerzo e ilusiones puestas en este proyecto no salen como esperabas, porque a la larga necesitas ser o muy listo o rico para poder terminar la carrera, como si no todos tuviéramos el derecho a estudiar. Porque por mucho que nos quejemos todos parecen olvidar que estamos en Ingeniería Aeroespacial porque nos gusta y porque es lo que queremos hacer. Y lo peor es que se nos niegue la oportunidad por el dinero. Porque conozco gente, y mira que es mucha gente, que si tuviese que pasarse 8 años en la escuela para poder sacarse la carrera lo haría, pero el dinero que implica ello no es viable para muchos de nosotros. Y al final apruebas las asignaturas en función de cuánto cuesta cada una,  y te dejas para otro año las que tienen menos créditos para poder aprobar las más caras. Y ese es el criterio en la escuela, y créanme cuando digo que es lo más triste y penoso del mundo.

Y aquí estamos, muchos de nosotros, desilusionados con la vida. Porque hacer esta carrera para nosotros era lo mejor, nos esforzábamos en el colegio por sacar buenas notas para poder entrar en la escuela, para poder aprender. O simplemente éramos listos y entramos porque nos daba la nota y es una ingeniería. ¿Y qué? Creo que ninguno de los motivos por los que uno se mete en la carrera justifica tener que pasar por lo que pasamos nosotros, perder la ilusión y las ganas, estudiar por inercia y porque tenemos más narices que nadie. Porque lo perdemos todo por el camino, pero nuestro orgullo es mayor que el de ninguno.

Por favor, no me pregunten a mí, pregunten a los miles de personas que estamos en esa escuela. Y aseguro que muy pocos podrán encontrar que no tengan más cosas malas que buenas que contar de la escuela. Esos miles que no cabemos, esos que madrugamos más que nadie para poder sentarnos en la biblioteca, porque ni cabemos. No sé yo si estamos en condiciones de decir algo bueno cuando no tenemos ni espacio físico en la escuela para estudiar. Y lo siento por la gente de Agrónomos y Telecomunicaciones, que están viendo como sus compañeros de biblioteca son más Aeroespaciales que de sus propias carreras. Es una emigración en condiciones desde nuestra “biblioteca” hasta la de los demás, porque no cabemos. Y lo tener que esperar para comer porque tampoco cabemos en la cafetería es otro tema, o en realidad es el mismo, supongo que no hay problema cuando los profesores tienen su propia cafetería aparte con demasiado espacio para su comodidad mientras nosotros vamos con la bandeja a otra parte.

Y por todo esto siento el malentendido con lo que ha sucedido en Resistencia de Materiales y Elasticidad, lo siento de verdad. Esta asignatura no se merece que le hagan este circo en solitario, tendría que ir acompañada de unas decenas de asignaturas más en las que ocurren las mismas cosas, y de otros temas que no tienen que ver tanto con las asignaturas sino con todo lo que las rodea, desde departamentos hasta administración, pasando por las instalaciones. Supongo que alguna tendría que salir al paredón en algún momento. Igual si al señor Crespo le preguntaran sobre todos estos temas en lugar de tener el discurso preparado, no podría salir tan airoso del paso.

Un besito a nuestro querido vicerrector, él mejor que nadie sabe lo maravillosa que es nuestra escuela y la excelencia que en ella rebosa. Algún día les cuento qué tal nos va en el Master en Ingeniería Aeronáutica, siendo de la misma escuela les puedo asegurar que es otra maravilla.

P.D: a un chico lo expulsaron de un examen por besar una mandarina. Supongo que la susceptibilidad está en el aire.

Siendo no yo





No es como si tuviera tiempo para hacerlo todo. Creo que es una frase que pienso en cada momento y nunca pronuncio. Quizá porque ahorro en discusiones todo lo que puedo, cuan poco sabe la gente lo verdaderamente ahorradora que soy. Quizá porque en realidad para lo poco que duermo podría hacer muchas más cosas, pero entonces esas 4 horas y media serían insuficientes para librarme del desvanecimiento.

No es como si todos tuviéramos todo el tiempo del mundo para hacer todo lo que nos gustaría. O deberíamos. Muchas veces tenemos más tiempo para lo que nos gusta que para el deber. Creo que inventaron las agendas para eso, para organizar el tiempo y que, si no da el tiempo para todo, al menos optimizar el empleo del mismo. En "Bajo la misma estrella", Augustus Walters dice: "estás tan ocupada siendo tú que no te das cuenta de lo genial que eres". Me gustaría pensar que a ninguno en general nos da tiempo de hacer todo, porque estamos ocupados siendo nosotros. El problema es que, por lo común (y me incluyo en el lote), pasamos mucho tiempo siendo otra persona. Otra de películas: "sé tú mismo. La vida es demasiado corta como para perder el tiempo intentando ser otro". Y aquí estamos, intentando o a veces logrando ser otra persona.

Y si ya hemos gastado una porción de nuestro tiempo siendo otros, el margen se estrecha si le sumamos tiempo expedido para el lamento, la autocompasión y el onanismo. Si queremos dormir y comer, además, puede que no quede demasiado tiempo para otra cosa. Y a malas, gastas tu tiempo en cosas que no marcaste en tu agenda, siendo incapaz de comprender luego por qué tu programa de optimización no es tan infalible como pensabas. Porque el tú es una variable azarosa que unos días está y otros no.

Y así estoy yo. Siendo la mayor parte del tiempo otra persona, autocompadeciéndome y queriendo estar donde no estoy. Como pero no duermo, y cuando se termina el día me arrastro hasta el sofá. Realmente no tengo demasiado tiempo para hacerlo todo, y sinceramente creo que mi autocompasión se merece un lugar de honor miserablemente en mi vida. Y la de quién no. Al final será verdad eso de que somos misericordiosos y nos compadecemos del ser humano, aunque solo sea de uno.

Photo by zhuzhu



Igual


Me gusta escribir en el móvil cuando camino. Y camino mucho. Tengo como un doctorado en escribir a la vez que ando, y a una velocidad decente, no a velocidad de taca-taca como la mayoría de los seres madrileños. Claro que eso no me libra de los desniveles de la calle. Supongo que de eso no me libro ni mirando al frente, o al suelo. Es lo que tienen los desniveles para la gente que no levantamos los pies al andar, son trampas de bruces.

Me hago el mismo camino todos los días. Solo para coger el metro en un sitio diferente a donde podría cogerlo. No es realmente eficiente, pero la realidad es que andar es como quedar con los colegas para mí, últimamente por lo menos. Me paso el día entero encerrada en algún edificio, en una mesa bien grande o estrechita, dependiendo del ánimo, estudiando para aprender los símiles de la magia o sobre materiales que no me interesan. No me apetece especialmente encerrarme en el metro cuando puedo irme a casa, por lo que andar hace las veces de vitalidad: veo la luz de las farolas y respiro aire contaminado (supongo que mientras haya una variación con respecto al aire cargado ya está bien).

He descubierto una cosa esta semana. Más bien me he redescubierto. Siempre fui una ratilla de biblioteca, aunque nunca pisé una hasta la universidad, cosa que últimamente he vuelto a recuperar. Puede que solo sea cuestión de tiempo, depende de los días o de las alineaciones estelares. Igual es todo mentira y me quiero hacer la que no soy. Me alegra saber que me he redescubierto gracias a unos estudios que nunca quise realizar y que, a pesar del tedio que me suponen y el esfuerzo para evitar suicidarme, me están gustando cada día más. Es bueno que después de cinco años por fin lo haya logrado. Al final te termina gustando lo que no pensabas hacer y aborreces lo que ya has hecho y te tenía que gustar. Es divertido.

Estos días hice un test para comprobar mi ineptitud multidisciplinar. No valgo para hacer muchas cosas, pero tampoco es algo que me preocupe. He visto alcantarillas cuadradas y no he entendido muchas cosas, supongo que eso a Google no debe importarle. Igual piensa en grande, en cómo deberían ser las personas para llegar a ser arcángeles a cargo de ese Dios que nos observa a todos. Si no sirvo para ser arcángel, puede que me permitan aspirar al nivel de ángel o duendecillo, que los hay que también tienen tareas para enaltecer su ser.

Lo bonito de andar, tanto literalmente como con un sentido metafórico-romántico de la vida, es descubrir que vuelves a cruces que ya habías pasado y te vas por otro lado sin darte cuenta, casi sin querer, pero queriendo. Igual el sentido de desechar ideas es cogerlas de nuevo para llevarlas a cabo, cuando ya eres capaz o cuando tienes ánimo en ese momento. Puede que no sepa a cuánto está pagado limpiar cristaleras, pero igual algún día, sin darme cuenta, lo descubro (o redescubro).

Imagen: Before the Mage Return by FictionChick

El origen de los nombres



A veces las cosas no son más que cosas. Una mesa no puede ser nada más que una mesa. Una mesa podría ser una silla, pero perdió su oportunidad cuando se le dio nombre, porque ahora una mesa es responsable de ser mesa y debe actuar en consecuencia.

A veces te apetece escribir algo y buscas un bolígrafo para hacerlo, pero resulta que antes encuentras un lápiz; si el lápiz ha sido más astuto que nadie hay que recompensárselo. Hay que escribir con el lápiz, que igual se ha presentado voluntario porque tiene ganas de contar historias. A veces buscas hojas en blanco, nuevas, listas para estrenarse, y descubres que un papel con garabatos y un pequeño hueco libre es el lugar donde hay que empezar las historias. Y empiezas a escribir sobre cosas que no pueden ser más que ellas mismas, con un lápiz y en una hoja sucia. Porque un lápiz sólo es un lápiz y una hoja sucia nunca estará nueva, pero eso no quita que quieran ser ellas mismas.

Una mesa sólo es una mesa, pero primero hay que saber qué es una mesa y qué es capaz de hacer. Quizá simplemente no sabemos lo que es una mesa y por qué hace lo que hace, si quiere hacer más cosas o quiere estar con otras. Tampoco sabemos si a la mesa le gusta ser una mesa, puede que a estas alturas haya entrado en un debate con la silla y estén intentando llevar a cabo una revolución que haga que las cosas dejen de ser lo que son.

Porque las cosas ya estaban definidas cuando llegamos al mundo. Y nunca sabremos cual fue el primer nombre, ni la persona que decidió que una cosa era una cosa concreta. Ni si debemos darle las gracias o no, porque nos ha facilitado la vida pero a las cosas les ha impedido ser otras cosas.
¿Cuál es la diferencia entre una cosa y una persona? Una cosa es una cosa, y por suerte o por desgracia para ella nadie será capaz de saber si quiere ser otra cosa para poder comportarse con ella adecuadamente. Pero las personas, por suerte o por desgracia también, tiene voz y voto para decidir qué son exactamente, así que pueden estar en constante cambio.

Hay personas que son como cosas, aunque pasen muchos años y conozcan miles de personas, siempre serán lo que son, como si el nombre que le dieran sus padres les definiese desde el primer momento. Pero hay personas que son como todos los objetos del mundo, aunque sin cambiar de nombre, una amalgama de diferentes personalidades reunidas en el mismo recipiente.

A veces las cosas no son más que cosas. Y las personas no son más que personas. Una mesa puede querer ser más que una mesa sin conseguirlo. Y una persona puede ser más que una persona sin quererlo.

Los mundos oscuros


Todos tenemos un lado oscuro. Es ese lado que dice la gente que contiene tus íntimos secretos, los que no quieres que nadie conozca porque son más bien malignidad que pequeñas cosas tuyas que consideras íntimas. Es ese lado que oculta tus mayores defectos, en muchos casos esos que te provocan vergüenza propia, de los que no puedes deshacerte y que entonces ocultas en el rincón más profundo. Es ese lado donde se encuentran los gustos más refinados, esos pequeños placeres que mantienes a resguardo pero que en ocasiones te atacan sin querer que sobresalgan. 

Todos tenemos un lado oscuro. Es normal, inconscientemente todos desarrollamos una curiosa habilidad para la bipolaridad, no necesariamente extrema en el sentido que la conocemos, pero todos somos personas de luces y sombras, a todos nos gustan unas cosas y luego otras un tanto contrarias, porque nos gusta experimentar o quizá porque nuestra complejidad nos impide encasillarnos en algo específico. Llamarlo lado oscuro igual no es exactamente acertado, porque inconscientemente equivale a ponerle una etiqueta de "malo", y es complicado saber qué es lo "bueno" y qué lo "malo" dentro de tu personalidad, suponiendo una normalidad media.  

Soy una persona de lados oscuros. La mayoría de las veces porque tengo una personalidad autodestructiva que siempre está latente, no es algo que tenga escondido en un rincón y que de vez en cuando se presente para saludar. En los mundos oscuros las cosas siempre se ven de diferente manera porque no te mueves por las sensaciones de la gente, no te mueves por las motivaciones que provocan al mundo. Odio las expectativas, aunque mi lado "luminoso" no pueda evitar generarlas. Odio que la gente espere cosas de los demás, de la vida, de las circunstancias. Odio que siempre se quiera más que lo que hay, que las expectativas sean una forma más de avaricia. Odio que a los demás no les parezca mal querer o esperar. Odio generar expectativas, porque no puedo cumplir lo que los demás esperan de mí y porque me obligan a sentirme mal por no cumplirlo. 

En los mundos oscuros no puedes esperar nada de nadie porque la gente es. Sin añadidos. Sin reacciones ante las acciones. La gente hace y deshace y nada más. Y no puedes esperar cosas porque no puedes esperar conseguirlas. Y porque no puedes hacer sentir mal a nadie. Y porque tu destrucción se queda contigo y no toca a los demás.