Cuadrículas



{Cuadrículas *recuerdos de Raist*}


"Con sus veinte años, que no aparentaba, Raistlin no lo pasaba nada bien.
No se le podía considerar alto, ni bajo, y lo que se dice de anchura, casi inexistente.
Era delgaducho como pocos, débil, con unos pulmones que no se explicaba como duraban, con esa tos imparable, y ese pelo gris...
No era muy comunicativo, con expresión seria y fría, voz áspera y susurrante y esos ojos azules que te miraba fijamente, hacían de él una persona con la que no se quería tratar.
Antes se podría considerar aceptable, sin esa tos y más, hablador, pero el accidente que casi le costó la vida lo cambió.
Ahora dependía mayormente de su hermano, Caramon, un fortachón que parecía un gigante y que era la única familia que lo acompañaba, porque su hermana era una guerrera y sus padres, cadáveres.
Había abandonad la casa en la que vivía, heredada de su padre y viajó por todo el mundo.
Pero cuando se le conocía era simpático, y también sarcástico, irónico, burlón y ambicioso, muy ambicioso.
Aunque era buen compañero y defendería a alguien muy querido hasta morir, poca gente gozaba de esa defensa, porque de vez en cuando, una envidia más o menos bueno.
En fin, un tipo raro ese Raistlin."

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Transcipción exacta de algo realmente curioso. Siempre he tenido predilección por Raistlin, un persona del mundo de la Dragonlance, muy semejante a mí y por ello creo que me identificaba bastante con él durante la obra. Este texto *por llamarlo de alguna manera* forma parte de una unidad didáctica escolar.
Estando en 1º E.S.O. yo muy feliz y contenta, en un instituto nuevo, dando cosas nuevas y promoviendo mi cabeza de cara a mi futuro académico, en clase de Lenguaje comenzamos a dar el tema de "La Descripción", más o menos por el año 2004/05. Y es cuando el ejercicio para hacer en clase era una descripción de lugar y de persona.
Pues bueno, ahí está mi descripción de persona, en este caso de Raistlin, un poco triste, ¿no? Quise rescatarla porque, a pesar de ser un texto muy viejo y tocar la hoja donde está escrito como si fuera de oro, con ese sonido característico de un papel que coge polvo y se dobla en un rincón, crujiendo con cada roce; es mi texto favorito. Posiblemente esté muy lleno de errores, de faltas gramaticales, de frases sinsentido *juro que, aun habiéndolo escrito yo, no entiendo las frases finales*; pero eso es lo bueno, que en su momento me pareció una descripción fantástica, extensa y llena de palabras complicadas, suponiéndome un gran esfuerzo y una continuada satisfacción.
Ahora asimilo con gracia que la extensión se debía a mi letra que, por aquel entonces, era ilegalmente grande *vistose letras más grandes sólo al 500% de zoom*. También que las palabras complicadas se habrán ido junto con el color de la página y que, mirándolo ahora, lo único que impide mi más absoluta humillación es el saber a qué edad lo escribí y lo feliz que me sentí por ello.
Y ahora, haré lo que no se debe hacer nunca, profanar textos "sagrados". Desde que reordené mis hojas cajoneras *sí, OJO, cajoneras*, me entró en la cabecita el reescribir el texto. Puede ser bueno, puede ser malo, pero...renovarse o morir.

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"Con sus veinte años, que no aparentaba, Raistlin no pasaba por su mejor momento.
Su persona era tan misteriosa como las condiciones de su estado. Aunque muchos podían confirmar que durante toda su vida nunca gozó de una salud envidiable, también coincidían en que podía sobrevivir gracias al apoyo incondicional de su hermano, el cual parecía tener toda la fortaleza física que le había sido negada a Raistlin; y también gracias a una ambición desbordante, que se basaba en las ganas de conocimiento y de adquirir un rango superior a los demás para superar sus dificultades. Sin embargo, también sería esa ambición la que le quemara por dentro.
Tras pasar aquella prueba infernal de magia, fue cuando su salud pasó a un estado fébril, con una tos provocada por unos nuevos pulmones totalmente desgarrados, una mirada que sólo contemplaba desgracias; y una personalidad agria y sarcástica siempre dispuesta a alejar a las personas de su lado.
Sólo con su hermano y aquellos que, más por apoyo hacia éste que hacia Raistlin, era con los que verdaderamente podía contar. Debido a su estado y a los tormentos y abusos que soportó en la infancia, se identificaba con los pobres y desamparados, a los que ayudaba sin dudar y con incuestionabilidad admirable.
Aun así, nadie olvidaba jamás su mirada cargada de desprecio, viendo a todos morir, y su risa cortante y en discordia con su siempre susurrante boz, risa que nunca presagiaba nada bueno..."

Rescatando



{Rescatando}

Lo sé, lo sé. Tampoco es el momento de esa entrada con título tan esperado por algunas, y denostado por otras...No, mentira, sólo es esperado.
Tengo varias cosas por las que pensar que ese curioso trastorno de personalidad múltiple mencionado en mi obligado diario de Inglés está agravando estos días.
Ahora mismo, y es ahora mismo porque no había recaído en el suceso desde hacía...mejor no hagamos aproximaciones: me pongo triste porque mi libreta-libro de ajedrez-biografía-cuento está vacío desde hace demasiado tiempo. De nada me serviría decir que nunca jamás *o para los bien hablados: jamás nunca* lo volveré a hacer, que a partir de ahora la tendré en consideración, pegadita a mi cabecita, es decir, en los cajones de noche *porque mesilla, lo que se dice mesilla, no es*. Porque obviamente nadie cumple sus promesas ni me pondré a hablar de las típicas de Año Nuevo, o como mencionó Montse el otro día, de las promesas de final de verano con las que nunca me he topado.
Estoy confundida porque esta semana ha sido, si no extraña, una completa locura. Ha sido la más feliz, eso no lo discuto, pero no se entiende que unos días llore *si es que lanzar dos lagrimitas al aire es llorar*, otros diga que para suicidarme lo tengo fácil porque tengo una azotea, otros diga que estoy contenta y me enfade por cualquier cosa *a pesar de que eso sea común* y otros que, simplemente, estoy feliz *por denominarlo de alguna manera* cuando nunca es así.
Creo que es una sandez buscarle sentido a tantos cambios emocionales, lo único que saco es que hay un factor que no se ve afectado por estos cambios y ese factor es mi Darling *lo siento, ya se que no te tengo que tratar como un factor, pero es que te multiplicas y multiplicas*. Pero del amor que le profeso a mi queridísima amante ya hablo otro día, que graciosamente es un tema del que nunca hablo *nuestra relación es tan natural que todo el que nos ve, la asume*.
Si nadie se dio cuenta, hoy no vengo a sacar nada en claro, simplemente quería pasarme por aquí, porque me gusta dejarme llevar entre las líneas, para ver si descubro algo nuevo entre mis pensamientos, o si aclaro aquellos que están mezclados en sopa *¿por qué sopa de huevo?*. La mejor manera de desahogarse, siempre lo he pensado, es escribiendo. Pero nada en particular, simplemente empezar con algo tan simple como un comentario, un recuerdo, o rescatar como es mi caso, imágenes de una carpeta destinada para el Blog y fotos "basura" que me voy encontrando por los caminitos de la Red. Porque de esta manera uno consigue siempre sacar algo útil que luego se puede desarrollar más en conciencia. O quien sabe, que a lo mejor lo natural o inconsciente queda mucho mejor si no se produce ningún cambio en él *como yo, que disfruto con las fotos hechas sin intención, y que por mucho que queden mal siempre les veo algo emocionante*.
Además, nunca se sabe si alguien vendrá, leerá por diversos motivos, y sacará otros puntos de vista o quizá yo sea la pieza que los inspire en un baile de ideas que pasan de uno a otro lado. Como en los bailes en los que las damas con máscaras se reparten por la pista y pasan de las manos de unos hombres, a los pies de otro más bailarín, o a los brazos de un seductor. Siempre me han encantado estos bailes, por desgracia nunca viví en el Siglo XVII, ¿no sería maravilloso?

Sí, sí....como sea.

Felicidad


{Felicidad (con o sin ella)}


Y es ahora cuando me dio por escribir de nuevo, no sé ni cómo, ni bajo qué circunstacias ni por qué. Simplemente escribo, aun a sabiendas de que mi vocabularia decrece por momentos *como rectas hacia el infinito (menos infinito) y más allá para los jóvenes*. Me motiva la motivación ajena, y por ello escribo para los que escriben, para los que adoran contar su vida, para los que no tienen miedo de los posibles fracasos o estrépitos, para los "desastróficos" empedernidos, y para todos aquellos que, sin ánimo de lucro, expresan sus pensamientos tal y como son de una u otra manera. ¿Y qué si termina siendo un monólogo en el que ni uno mismo es capaz de hablarse? ¿Y qué si nadie complace, todos critican y el mundo se derrumba? ¿Y qué si, como diría La Poncia, nos cae un meteorito o se suceden los terremotos?
Indudablemente, ninguno somos capaces de predecir el devenir, no sabremos si se morirá alguien, nos sucederá aquello que tanto esperábamos, o nos pondrán un texto que terminaremos por despreciar en un examen de Lengua que, por si no ha quedado claro, fue la más absoluta de las vorágines. Me fui por las ramas, y así puedo explicar mejor la belleza de escribir, tema que no venía a tratar hoy, por lo que dejaré las ramas para otro día y continuaré con lo mío.
Este mediodía *medio día arriba, medio día abajo*, como si de una epifanía se tratase, me atacó la idea escandalosa de la felicidad. Sí, exacto, nuestra gran amiga que ataca entre las sombras, siempre escondida, es por eso que nunca la sentimos, porque le gusta jugar al escondite.
Con toda probabilidad, y algún día creo que lo haré, podría salir a la calle *ahora mismo no, que la gente a estas horas empieza a ponerse contentilla por aditivos* y preguntar a los transeúntes cuál de ellos es feliz. Y con certeza determinaría que, siendo mi intención la de hacer una encuesta de la felicidad, podría rellenar otra de la hipocresía. ¿Por qué crees, Ruth, que la gente te iba a mentir? ¿No crees en la felicidad? Bueno, bueno, reconozco que estoy condicionada por la subjetividad de mi argumento *con magnífica redundancia*, pero responder un "sí" y continuar cada uno con su vida es mucho mejor que tener que dar explicaciones. "¡Explicaciones! A quien se le ocurre, con las prisas que tengo, lo atareada que estoy, los quehaceres que tengo a medias, a ti te voy a dar explicaciones. No se nota en mi cara de amargada que no soy nada feliz, que mis sentimientos traspasan mi cuerpo, que me compadezco de mí..."
Todo esto lo pienso, lo pensé y lo seguiré pensando, mientras escucho Marilyn Manson *no sé si es significativo este dato...* y una de las canciones a las que, personalmente, le han hecho un favor versionándola *a Brenda le gusta Pastora, a Brenda le gusta Pastora...aunque no venga a cuento*; pienso, además, que la felicidad-hipocrecía va ligada a la maldad. Hoy pensé que si soy mala, a partir de ahora y por varios motivos lo voy a ser más, y no sé si con esto consigo creérmelo o directamente certificar que me creo mala cuando soy escoria univeral, buscando un huequito en el mundo. Pero como las butacas en la película de la felicidad-bondad-bien-tolerancia ya están llenas, me tengo que ir a la sala de la venganza-ira-rabia-maldad-desesperación. Bueno, quien no se conforma es porque no quiere. (Que esto quede entre nosotros, pero me da a mí que más de uno tiene reservada una butaca en la segunda sala, sólo por si acaso la hipocresía se hace perceptible).
Finalizo con una noticia trágica para el mundo: España califica de película X a "Saw VI". Entiéndase que las películas X no son sólo las pornográficas, sino aquellas cuyo contenido excede los límites de la violencia *gore extremo, automutilación, denigración humana...*. Los pobres de cultura han tenido una dicotomía enorme. Por un lado, si la califican como tal, consiguen que no la vean los jóvenes que no hacen caso de las recomendaciones +7, +13, +18 *en el paquete van los padres irresponsables, o algo así*. Por otro, le dan más publicidad y los fans se sublevarán contra el mundo.
Yo quiero verla, aunque tenga que romper escaparates, porque esas noticias de violencia extrema emocionan, pero por otro lado es incomprensible ya que a mí las cinco primeras no me parecieron nada del otro mundo. Mucha originalidad, sangre, mutilación, bueno...no pasa nada. Tenemos un mes para reorganizar ideas y ver si se estrena definitivamente, o tenemos que esperar más cuando la productora recurra.

¿Qué se encuentra debajo?



¿Qué se encuentra debajo?


Tulipanes, margaritas, amapolas.
Luces, colores y algarabía.
Enaguas esconden estolas,
allí donde el clero predecía.

Época de tiempos revueltos
donde los títeres son elfos
y los ogros mariposas
en busca de la dama
que se esconde entre las rosas

Los mimos resbalan entre lágrimas
de diamantes engarzadas.
¿Qué se esconde tras la máscara?
¿Quién evita la mirada?

Entre ríos y góndolas, propias de un baile veneciano
el Carnaval respira tranquilo por el año esperado.

Mientras, queda recordar
que si bien prevenir antes de curar
Aquello que se encuentre oculto
siempre tendrá un velo por el tumulto.


El día puede ser frío, ventisca que asola poblaciones, alarmas de hecatombe que inducen al terror. Pero siempre me quedará la ilusión de encontrarme con mis sueños por el camino, cualquier camino, con eso todo está dicho.
Hoy, hoy y sólo hoy, es un momento propicio para decir, pensar, anunciar y expresar, que puede ser la última vez que pueda demostrarme que todo es posible. Hoy mi mundo respira tantas sensaciones que me cuesta dividirlas hasta el infinito, entrelazadas y enredadas en un baile de máscaras que cubren sentimientos. Siento desdicha, por pensar cosas que no debiera, o por descubrir que no debiera pensarlas para no sentirme mal. Siento alegría, al saber que puedo conseguir cosas con un poco de empeño y después de entonar unas cuantas canciones *sin limitación de género*. Siento sensualidad, porque así lo requiere el momento, porque así he decidido que debe ser mi día.
Pero, en síntesis, siento la aprobación propia del trabajo bien hecho, de hacer por primera vez en mi vida las cosas *generalizando bastante en la frase* como Dios *Nuitari, Takhisis, Alá o quien se digne* manda. Despacio, con tranquilidad y demostrando que el tiempo no pasa ni rápido ni lento, por mucho que yo me haya empeñado en juzgarlo de caprichoso, simplemente pasa según una organización determinada.
Obivamente, el día que no pueda hacerlo todo, vendré en calzas de un caballero malhumorado que, ahora dándome cuenta, sufre cambio de sexo; preocupado por la batalla que tiene con el tiempo que no le deja terminar sus tareas. Si es así, que alguien me avise, no me gustaría contradecirme, ni desdecirme, no sería ético.
Hoy mi vida es de color violeta, que descubrí hará 20 *21, 22, 23...* segundos, significa equilibrio y estabilidad mental. Me gustaría pensar que la vida puede ser tan maravillosa como hoy *a Andrés Montes no le faltaba razón*, no porque sea un día feliz, teniendo en cuenta que he tenido las lágrimas en un borde de orgullo y remilgo, sino porque a pesar de las dificultades psicológicas infundadas, he podido sacarme de encima los miedos bobos y quedarme con los miedos realmente importantes, que con esos ya tenemos bastante la humanidad como para inventarnos más.
Y debajo de todo eso, del tiempo, los miedos, los sentimientos, los colores, los sueños y las inclemencias meteorológicas *que siempre queda mucho mejor que decir hace frío o calor*, sólo queda una persona humilde, que hoy con una sonrisa en la cara puede decir abiertamente: "qué bonito es el amor no correspondido, qué bonito es el saber lo que una piensa, y qué bonito es, en definitiva, el mundo".

Continuidad


{Continuidad}


Es en estos momentos (como en tantos otros que pasaron o sucederán) en los que hablar de algo en particular me agrada mucho más que viajar por los derroteros de las incoherencias que con dos palmadas intento espantar. Han tenido que pasar muchos días para escribir una vez más en este blog, del que prometí hacer un lugar lleno de letras y al que con cada segundo mantengo más lejos de mí. La explicación es simplemente sencilla: inspiración. Leo las últimas cosas que escribo y me da miedo mirarlas desde arriba, por si desde otra perspectiva puedo verles más fallos de los que ya le encuentro.
Escribir es un don que no debe menospreciarse, ni tomar a la ligera. Y me perjuré que hasta que en mi mente no se formara la firme idea de escribir sobre algo, mis manos no tocarían un teclado que me llevara a una nueva perdición. Graciosamente, es en las dos entradas que escribí en Agosto cuando más gente me ha dicho que maravillaron con mi prosa. Y sin ánimo de tirar los sueños de aquellos que pudieron pensar que a partir de ahora escribiría de esa guisa, vengo con un golpe de autoridad perdido entre las páginas de mi libreta (aquella que, sin quererlo *como tantas otros objetos* fue libro de cuentos, biografía y manual de ajedrez en apenas unos minutos).
Llevo dos días planeando esta entrada, para ver si merecía la pena escribirla o las ganas se me quitarían de pronto y, viendo que la emoción me ha vuelto a sacudir en estos instantes por dos días seguidos, creo suficiente el tiempo de espera (los exámenes serán otro día). Puestos a ello, las disculpas dadas y se recogen en el aire, si se afianzan en el suelo pierdo mis características.

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"Un día nublado de treinta y seis. Las ganas de correr hacia la ventana a saborear el aire, amigo de todas las desgracias y penas; enemigo de las alegrías en cuanto serpentea por tu puerta para evitar la salida. Te pierdes en los derroteros de tus pensamientos, pausada, esperando encontrar el último aliento para lanzarte hacia las nubes.
La llegada al hogar fue la misma de esa semana: sudores recorriendo tu espalda, el sostén demasiado ceñido, la reciente oleada de calor que sacudía la ciudad ahora sacudía tu nuca, tus manos, tus hombros incapaces de sostener más el bolso, despedido hacia un rincón.
La tarde solitaria era lo único que te esperaba, la televisión encendida en algún momento entre el descalzarte y subir las escaleras hacia tu cuarto. Lanzas los zapatos con la misma furia con la que antes tiraste el bolso, sin compasión. Desabrochas los botones de tu camisa con tranquilidad, mientras miras en el espejo la figura de una mujer desvestida y malhumorada. Dejas que las medias bajen solas por tus muslos, deslizándose suavemente por el contorno de tus piernas hasta tocar el suelo.
Libre del aprisionamiento del sostén, te niegas a ponerte otro y te decantas por una ligera camisa de seda, perdida entre la lencería. En otro día caluroso como aquel, ni ganas tienes de ponerte algo más que la ropa interior y una camisa, ni te importan las miradas que ocasionalmente puedan verte cuando pasas frente a una ventana.
Bajas de nuevo las escaleras y sin mirar a la pantalla sabes que uno de tantos programas del corazón está entrevistando a aquella mujer que pegaba bandazos por las cadenas de televisión, sin mucho éxito. La pereza te impide ducharte, pero puede que una botella bien fría de cualquier bebida te ayude con el calor, el pesimismo y la cero energía que en esos instantes acumulas.
Suena el timbre.
Ni siquiera te preguntas quien es, con inercia dejas el frigorífico medio abierto para dirigirte hacia la puerta. La sorpresa es lo último que podría pasar por tu cara en esos instantes, ciertamente no esperabas su visita, pero ninguno pasa por un buen momento sentimental y los males llaman a otros males. Os sentáis en el sofá y dejando fluir tus sentimientos por primera vez en todo el día, le cuentas lo sucedido aquella noche de sueños y esperanzas, en la que tu amado no acudió a verte ni ese día ni ningún otro y, mientras esperabas eternamente, el amanecer te devolvió a la realidad de tu cama vacía de él. Tu visitante te consuela, empatizando contigo, pues él se había dormido una noche, sin casa, sin pareja, sin amor y sin ganas de vivir.
Fue entonces cuando te besó y eso verdaderamente te sorprendió. Te alejaste lento, para no sobresaltarlo ni a él ni a ti misma. Lo miraste sin comprender, y os entregasteis con las ganas de dos personas rechazadas.
Entonces el calor se hizo insoportable. Sus manos ásperas se colaron por tu camisa y recorrieron tu espalda, recogiendo las gotas de sudor que allí permanecían. Tú, a horcajadas sobre él, no pudiste hacer más que agarrar su cabeza con desespero y guiarla hacia tus pechos, de manera natural y premeditada.
La ropa, en algún momento perdida en los recuerdos, quedó cerca de aquel bolso desaprensivo, y ya no hubo barreras físicas para culminar el deseo enardecido, entre sus manos aprisionando tus nalgas, y los labios saboreando un cuello sin gusto.
Subidas y bajadas constantes, respiración furiosa y desenfreno acumulado, tus súplicas de sexo sincero y su mirada recorriendo tu cuerpo. Sólo los besos de lenguas entrelazadas y dientes mordisqueantes creyeron algo en ese momento. El calor se pegaba a la piel, y ardiendo no encontrabas la manera de terminar con él, restregándote airosa y abrazada al cuerpo de tu visitante.
Un suspiro entrecortado, un jadeo sumado a otro, y el fin de aquel momento íntimo y lastimero. Satisfechas las ganas de aquella joven que abandonó al visitante, y tus ganas de aquella noche en la que nadie estuvo para acompañarte.
La despedida y el último beso, el beso de dos personas saciadas, unidas en desgracia, pero igualmente solas y desganadas."

Contradiɔción



{Contradiɔción}


Como cambia el pensamiento según lo vas pensando. En aquel día lleno de intranquilidades, me dispuse a escribir una carta prematura, como un bebé que harto de pegar pataditas decide salir antes de tiempo para dar guerra por fuera. La primera intención era avisar: las cosas no son lo que de la boca se prolifera y ni caso hay que hacer de ella, que ya sabemos siempre va por su cuenta. Mientras intentaba yo explicar que mis intenciones eran las de dejar claro que lo dicho no era el hecho y que mi pensamiento se alejaba de lo dicho, terminé por darle la razón a lo dicho yendo más lejos, porque poco contenta con ponerme a su favor, dije finalmente todo lo contrario de lo que iba pensando por el camino.
Llegando a esto supe, que más vale callar lo que no se debe decir, y más vale no escribir lo que escrito puede confundirse.
¡Ay, pobre vida extraña! La complicamos hasta que ella misma se mira en un espejo y dice: con razón todos se quejan de mí. Y es que la vida nada tiene que ver con los tejemanejes de la humanidad, pero hasta ella se cree su reflejo aún sin ser cierto.
Así me di cuenta el otro día, de que durante un par de meses intermitentes las dudas acudieron a mi cabeza y sin una solución a corto plazo imaginé mil y una formas de sacudirlas todas. ¿Por qué no se van? ¿Es que mi mente no está dejando claro que no? Pero las dudas siguen ahí, martilleando hasta que no queda más remedio que cogerlas a todas del pescuezo y ponerlas a un ladito tuyo para llevaros mejor. Sólo eso, convivir con ellas.
Y llegó ese grandioso efecto trágico de la mariposa (que no convivió con los dinosaurios) y por un golpe de efecto, las dudas se van volando junto con ella. Quien lo diría, pero enfrentarse a la realidad guiándote por las dudas, termina siendo la solución más sencilla para ellas. En esto, que pasando por una situación incómoda y abandonándome a la adolescencia loca, amanezco a la mañana siguiente sin sueño, sin dudas, sin adolescencia y sin ilusión. Golpeóme la realidad con un puño de hierro.
En definitiva, otra enseñanza a lo sumo de todo lo que llevo andado en una misma situación pero con distintos escenarios. Lo simple de enfrentarse a las dudas después de haberte hecho amiga de ellas, convivir con los resultados que vienen solos y después, amueblar las ideas ante los efectos secundarios de esa mariposa catastrófica.
Anécdota curiosa de estos tiempos veraniegos en los que el calor es sofocante, pero más nos agobiamos por la nada que por una excusa tangible. Gente a mi alrededor que de golpe, un día comiendo, llega a la conclusión de que está agobiada porque sí y empieza a actuar como una persona que lleva presionada durante dos años. Ayer me sentí presionada, agobiada, extrañamente perseguida y con aires paranoicos. Nunca me han gustado los agobios, si bien ha mucha gente se los consiento porque son agobios que me agradan pero...¡que agobiante es el agobio! Basta con reírte para que venga inteligentemente por todas partes. Me han agobiado por izquierda, derecha, diestro, siniestro, zurda, proa, popa, babor, estribor, norte, sur, este, oeste...para resumir por todas las direcciones. Lo más gracioso es que todos los agobios han sido de diferentes personas muy distintas, muy lejanas, que no se conocen; pero todas esas personas me han agobiado con lo mismo (o por los mismos motivos). Se ponen de acuerdo. Peor es descubrir que hay agobios que perdonas, porque ya llevan mucho tiempo en curso, y otros que ni los esperabas, ni los quieres, ni los entiendes...
Definitivamente, algún día hablaré sobre esos sueños rotos, de tópicos que algunos apreciamos pero que siempre sientan mal. Vamos terminando con esto de los agobios porque concretamente ayer pude hacerme un hueco de vida para respirar aire de series, viendo capítulos repetitivos que nada más ver las letras ya sabes de qué tratan pero que ves hasta las próximas letras (o de los créditos o del siguiente capítulo). Y es lo que tienen las series, que siempre gustan, que las puedes coleccionar y que te dan envidia. Ahora que lo pienso...las series son como las Barbies.

¿Qué fue...



{¿Qué fue...}

...de los momentos compartidos en los minutos que preceden al alba, cuando nos decíamos mil caricias y prometíamos encontrarnos?
¿Qué fue del saberte tuya por momentos, recordar todos los lamentos al unirnos en uno?
¿Qué fue de las dicotomías que nos acechaban intentando romper con la rutina de nuestra imaginación?
¿Qué fue de las noches perdidas entre conversaciones impactantes, historias escalofriantes de una vida compartida?
¿Qué fue de las palabras que nunca hicieron falta decir, pero que se entendían en silencio?
¿Qué fue del callar por momentos para esperar una respuesta con ansiedad, sin querer forzar por la emoción?
¿Qué fue del nuestro, de nuestro futuro, nuestro mundo y nuestro dialecto?
¿Qué fue de todos los sueños desperdigados, soñando tus brazos y tú mis labios?
¿Qué fue de los te quieros revoltosos, pronunciados con esmero?
¿Qué fue de las ganas de encontrarnos, en un punto intermedio, para vernos de nuevo?
Y ahora las pocas ganas de lamentos y de saber cómo estás, ¿ésas también se irán?


Momentos de tranquilidad en un día intranquilo, tanto ruido y pocas nueces o tantas nueces que, infantiles, hacen ruido. Llegando entonces aquella lejana mosca de la Inquisición, siempre ella predispuesta a pararse tras la oreja en busca de soledad.
Antes de irme de vacaciones, recuerdo el mismo día que partí, como si cogiera el Titanic rumbo a la muerte del verano, escribir frases sin sentido en busca de poder entender con qué dichosa parte del cerebro trabajamos cuando nos da por no pensar. Las frases en sí son magníficas, por lo menos mucho más grandiosas que las cosas que suelo escribir cuando me digna el cerebro con su acto de presencia (no quisiera yo "pensar", que si dejo de pensar lo que pienso, pensaré mejor). Entre ellas llegó un día un momento en el que saltó la liebre indignada y una mosca (Benicasia muerta en vida) huyó despavorida como si fuera pecado la libertad de expresión. Esta mosca inquisitora, que vive para prohibir la libertad de la liebre, es un poco monja y pejiguera, siempre quejándose alarmada, como una anciana que se agarra la falda por el viento, pero tan silenciosa en sus definiciones. Algo así como todo el mundo tiene nada que decir, consiguiendo con ello que el nada se llene de palabras poco sentidas y superfluas. En definitiva, rellenar como yo hago los espacios de este mundo en busca de comprender lo que ni uno entiende.
Entre aquellas frases voladoras, otra se basa en una relación de aguante inoportuno o irremediable, en el momento en el que la ola se detiene y la roca del acantilado se lamenta por su encuentro. ¿Qué fue de los deseos de la roca? Toda su vida aguantando a la que seguro es la ola que peor le cae del océano (porque pocas rocas hay con suerte).
Para resumir, antes de que venga alguien con la mano abierta y un coscorrón preparado: "niña, que dices cosas sin sentido". En definitva, callar es la forma más sencilla de solucionar los problemas, callar hasta dejar de pensar, decir lo verdaderamente importante y quedar satifescho por el hecho. Porque así, no diremos lo que deberíamos haber callado, ni callaremos por lo que nos habría satisfecho. Como diría la roca del océano: "¿Qué fue del yo poder hablar para satisfacer mis ganas de alejarme de la ola?"
A lo mejor, en algún lugar del océano, otra ola mira la roca con ilusión, resignada al pensar que si la roca recibe los golpes de aquella ola sin quejarse, entonces esta no tendrá nada que hacer. Puede que esa roca calle lo que debe decir y se aleje del océano, confinado a la ola caprichosa que, si bien tampoco dice nada, es porque sabe callar todo lo que no tiene que decir.