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El tiempo que pasé pensando quedó lejano. Hubo momentos en los que pensé que el pensamiento me había abandonado y, recordando mis sandeces, pensé en ellas y descubrí varias cosas: pensar en las tonterías que dije me afirmó que estaba pensando; esas tonterías hablaban de que pensaba que el pensamiento me había abandonado, cuando si pienso eso ya estoy con el pensamiento de nuevo; pensar en el simple hecho de que pensé todo eso, corrobora que el tiempo que pasé pensando quedó lejano. Y que el tiempo que paso ahora pensando, está aquí, conmigo.

Me mareo, y pienso que no puede ser por estar pensando esto. Nadie se ha desmayado por pensar demasiado, ni por hacer eternos trabalenguas que intentan hacer pensar a los demás. Ni siquiera sé por qué el hecho de que me maree me tiene que llevar al desmayo, cuando no me he desmayado en la vida y desconozco las causas por las que se puede producir un desmayo, que son eternas e intocables. Y tampoco quiero pensarlas, aunque esté hablando de ellas, y crea que las pienso.

Alguien me dijo una vez que nada se cree, todo se piensa. Porque el hecho de que creas algo te lleva a que lo estés pensando y, por ende, no lo crees, lo piensas. Yo afirmo que pueden ser ambas cosas, puedes creer y pensar que lo crees, y entrar en el uróboro.

Ni siquiera sé por qué estoy pensando esto. Pensé que debería escribir algo más en el día de hoy, me siento en la obligación de continuar una historia abandonada a su suerte. Dicha historia llevaba un año en la soledad, ya que mi obligación autoimpuesta de continuarla me llevó a colapsarme. El otro día pensé que sería bueno intentar algo, y lo conseguí. Ahora no quiero pensar en que me obligo a retomar lo que dejé y retomé de nuevo, porque lo dejaría de nuevo y pensaría que, en algún momento, habría que retomarlo, volviéndome a obligar. Y entrar en el uróboro.

Como me siga autoimponiendo cosas llegará el momento en el que, de forma encaminada, yo, a mí, me autoimponga a mí misma. Y será un lucha eterna de yo queriendo imponerme a mí y de mí intentando imponerse a lo que soy yo. Y en los momentos victoriosos caeré en la derrota y mis derrotas serán completas victorias derrotadas. Y entrar en el uróboro.

Y ahora, en un momento perdido entre mis distracciones, que no son nada más ahora que los preparativos de mi próximo día, nombrados como distracciones por el hecho de que me han alejado de la pantalla del ordenador. Si lo pienso, gran parte de mi día se basa en preparar el siguiente. Hago las tareas de clase para el día siguiente, estudio para el examen del día siguiente, escojo la ropa y ordeno la mochila para el día siguiente. Puede que lo único que haga para el mismo día que lo hago es comer, y es algo que hago sin pensar, a no ser que consideremos que pienso en los rugidos de mi estómago, que instan a alimentarlo para no generar un tipo de desmayo: por desnutrición.

Sigo mareada y pienso que se debe a que llevo un mes comportándome como una ermitaña. Me levanto pronto, como pronto, me siento en una silla, me levanto y ceno pronto. Y, para concluir la lista de cosas que se pueden hacer tempranamente, me acuesto pronto. Este fin de semana me he comportado como una rebelde, sin pensar. Y el no pensar trastocó mi vida. Actuar sin pensar es una de las cosas que no hago, como no hago el dormir tarde. Pues este fin de semana me he ido a dormir tarde. Si mi cuerpo piensa por mí y esto es: un horario riguroso de 7 am a 10 pm y fines de semana de 9 am a 11 pm, no se puede suceder que me haya ido a dormir a las 2 am y me haya despertado a las 6 am. Porque son 6 horas de diferencia que no he dormido, y que voy a tener que compensar a lo largo de la semana. Esto sólo se hace posible, pienso yo, si cada día me levanto irremediablemente a las 7 am y me voy a dormir a las 9 pm, recuperando una hora de sueño cada día y otra de extra en el fin de semana. Y entonces todo el tiempo dedicado al día siguiente se me haría más corto, cenaría antes, comería antes, me levantaría antes y perdería esas horas de sueño extra. Y entrar en el úroboro.

Este tiempo me lo dedicó extra. Pensé en echarme la siesta hoy, pero en realidad es algo que pienso siempre. Es el despertador que nos obliga a despertarnos pero no nos despierta. En esas mañanas que una se levanta cansada, piensa en dormir un rato por la tarde para compensar pero luego nunca lo hago. No sé por qué me molesto en pensar en dormir si luego no dormiré, no soy mujer de siestas, para eso está la noche – dependiendo de la persona -. El día te termina despertando y cuando llega la tarde las ganas de siesta se te han quitado. Y como no eres mujer de siesta y no sabes por qué piensas en ella, te engañas a ti mismo y una tarde te echas a ver la televisión, sabiendo que te quedarás dormida si estás cansada o si pones un canal de programación tediosamente aburrida. Y cuando te despiertas piensas en por qué piensas en echarte la siesta si luego no te la echas pero terminas echándotela. Y piensas que eres una mujer que no es de siestas pero se las echa, y piensas que tendrías que dejar de pensar que piensas que eres una mujer de no siestas y te las echas, y echándotelas piensas que no deberías pensar que no vas a hacer la siesta. Entonces, la mañana que dices: no pensaré que me tengo que echar la siesta, piensas en el día que te la echaste, y vuelves a pensar en que te la tienes que echar pero que no te la echarás. Y entrar en el uróboro.

Y la cena temprana se antepone a todo lo que tengo que pensar. Que independientemente del tiempo que pierda durmiendo, del tiempo que pierda haciendo cosas para el día siguiente, del tiempo que pierda porque se escapa, del tiempo que pierdo con distracciones, del tiempo que pierdo autoimponiéndome, del tiempo que pierdo mareándome y del tiempo que pierdo pensando; sigo pensando en todo el tiempo que pierdo pensando en todas las cosas que me hacen perder el tiempo.

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x.Momento: twitteando
x.Estado: reflexiva
x.Anime del día: Hoy no hubo tiempo de animes
x.Libro: El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
x.Serie: Mentes Criminales

Soy hueso.

Hay momentos en los que descubrimos que la mente humana se aleja de la realidad, que es impulsiva e incontrolable. La neurociencia debe de ser un arte difícil e interesante, un constante aprender mucho más allá del obligado aprendizaje de toda sección de la vida: es un descubrimiento de cosas que siempre han estado ahí, que siempre hemos utilizado, pero que nunca hemos comprendido. Descubrir la ley de la Relatividad, saber antes de la Ley de Gravitación Universal que había “algo” que sostenía el Universo en su posición y movimiento.

Las ramas de la mente son igual de extensas como todas sus conexiones cerebrales y nerviosas, por tanto, quiero centrarme en una idea que me ha absorbido los últimos días. Soy hueso. Somos hueso. Pero, en ocasiones que creemos contadas – pero que, seguramente, se extenderán infinitesimalmente – nuestro cuerpo actúa como automatizado, como si nuestros huesos fueran cables a los que se envían conexiones cargadas de acciones. Y en realidad somos así, un gran ordenador biológico.

Durante estos días son muchas las situaciones en las que he actuado sin voluntad propia, o con una voluntad adquirida antes de un proceso de distracción. Hace dos noches me dispuse a cenar, me senté en la mesa con el plato de comida delante y pensé: ”me falta el azúcar”. Para ello tenía que levantarme, lo que supone un gran esfuerzo cuando tienes la modorra pegada a la piel, pero tenía que hacerlo. En ese momento me llamó mi abuela y, mientras hablaba con ella con toda la atención puesta, me levanté, cogí el azúcar y también la nata – sí, había cogido algo que me faltaba sin haberlo notado -. Lo mismo sucedió hoy, hablaba con mi madre mientras sacaba cosas de la nevera, necesarias para hacerme de comer.

Y en eso he estado pensando estos días. Hacemos cosas necesarias sin prestarles el mínimo de atención. Es como si el cerebro guardara la acción y la hiciera por ti mientras te dedicas a otra cosa. Es un estadio de la mente. Tenemos momentos de extrema concentración en los que, si intentamos hacer dos cosas a la vez, olvidamos una por completo y nos volcamos en aquella que requiere más nuestra atención. Otros, en los que la concentración es mínima y perdemos la noción de todo lo que sucede alrededor. Y los últimos estadios se encuentran ahí, meditabundos, en los momentos en los que somos capaces de concentrarnos en ambas cosas, como si se separaran nuestros hemisferios y cada uno realizara una acción.

Uno de los protagonistas de “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” de Haruki Murakami, cuenta los yenes que tenga en los bolsillos izquierdo y derecho a la vez. Los cuenta por separado, yenes derechos y yenes izquierdos, y luego suma el trabajo doble hecho en el mismo tiempo. Los ambidiestros tienen la capacidad de escribir con las dos manos, mas no sé si tienen la capacidad de escribir con ambas manos a la vez.

Así que, sólo me queda pensar, ¿seremos capaces alguna vez de realizar dos trabajos diametralmente opuestos a la vez de forma eficaz? Existe la frase hecha de: “sólo las mujeres pueden hacer dos cosas a la vez”. Pero hablamos de cosas nimias, como un ejemplo del día de hoy, realizar un cálculo matemático y hablar con el compañero. Y, aún siendo nimio –tengo la certeza de que toda acción más la acción de hablar es fácil de realizar a la vez-, en algún momento de la acción, perdemos la concentración de una de las dos cosas, y tenemos que concentrarnos de nuevo en ella para retomar ambas actividades.

¿Llegará el día en el que podamos, por ejemplo, escribir una historia o hacer una redacción mientras desarrollamos leyes matemáticas? ¿O podremos ir sacando conclusiones sobre la marcha de un experimento, sin pararnos a reflexionar sobre unos resultados que tendremos almacenados en el otro hemisferio?

Desgraciadamente, somos hueso. Y el hueso está ligado a la carne. Y la carne humana degenera. Hubo un tiempo en el que todos desconocíamos el mundo, y la ignorancia de aquel entonces era inconcebible en un mundo tan alfabetizado –relativamente- como el actual. Desde que se descubrió la ciencia y el resto de conocimientos, el ser humano ha querido aprender más y más hasta que hemos llegado a la cúspide de una parábola que, analítica, gráfica e irremediablemente, decrecerá hasta la ignorancia antigua. Cada vez hay menos personas que se quieren culturizar por el simple hecho de aprender de la vida, de arraigar conocimientos y de sobresalir. El mito de la felicidad ignorante se sumó a las múltiples excusas, entre las que destaca el aprender lo justo para aprobar y lo mínimo para aprehender.

Y el día que volvamos al hueso, que seamos aquellos antiguos homínidos primates, después del retroceso, re-evolucionaremos, aprenderemos de nuevo, revolucionaremos el mundo y quizá, sólo quizá, la parábola aprenda de sus errores si consigue recordarlos, y se transforme en una perfecta recta infinita que nos llegué cada vez más lejos de lo soez y más cerca del casi verdadero conocimiento.
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x.Momento: viendo Horton
x.Estado: relajada
x.Anime del día: Hoy no estuvo el día para animes
x.Libro: El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
x.Serie: Glee

Y ya van...pues si soy sincera, no lo sé. Mi n-ésimo bolígrafo ha muerto esta tarde/noche. Empecé con un bolígrafo que se me gastó a la 2º semana de clase (probablemente un bolígrafo defectuoso o estafador), continué con otro que pagué con mi dinero recién ahorrado. Y ese se me gastó. El siguiente lo tuvo que comprar mi compañero de piso en un día que yo estaba demasiado vaga para salir a la calle y él justo iba a hacer lo que yo no quería: salir y ver la luz del sol. Y ese también se me gastó.

Después de eso tuve una buena etapa en la que mi abuela me regaló unos cuantos de estos bolígrafos que te regalan en la caja de ahorros. De esos se me han gastado ya dos; uno de ellos el de hoy.

No pudo aguantar más. Me desperté a las 6 de la mañana y a las 8 y media ya estaba pasando apuntes. Hasta el breve receso a las 2 para comer y vuelta con los apuntes. Y a eso de las seis y media de la tarde dijo que no, que ya no más. ¿Qué se suponía que debía decirle? Llevaba trabajando sin parar todo el día y creo que eso es más de lo que puede aguantar un bolígrafo. 4 horas al día de Lunes a Viernes en horario escolar más horas extra por la tarde pasen, pero unas 7 horas un Sábado son imperdonables.

Debe de ser un completo récord el hecho de gastar bolígrafos a esta velocidad. Uno puede pensar que cada día hacen los bolígrafos con menos tinta para que tengas que estar siempre comprando. O que los universitarios gastamos mucho en bolígrafo. O que deberían inventar bolígrafos especializados para universitarios. En realidad no sé por qué opción decantarme. De la primera tengo varias ejemplos, véase el caso de las medias. Yo siempre me cargo las medias con un promedio de máximo dos meses de vida para ellas. Pensé que deberían hacer medias indestructibles, pero mi compañero me dijo: “no las fabricarán jamás”. Y entonces me di cuenta de que si algo te dura para siempre, no ganarían beneficios porque ya no tendría que comprarme más medias. Ni siquiera la vida dura para siempre, entonces, ¿para qué inventar algo que sea más duradero que tu propia existencia? Todo tiene caducidad, de alguna forma u otra.

Entonces, cuando estás cogiendo un bolígrafo nuevo, le estás dando una muerte segura, pero también le estás otorgando la vida, algo que ser, un trabajo y una funcionalidad. A nadie le gusta vivir en nada, estar ahí en una estantería sin nada que hacer, viendo como la gente pasa alrededor tuyo y tus compañeros van consiguiendo trabajo. Pero todo es malo en la vida de un bolígrafo: mientras no tiene trabajo, se aburre irremediablemente, pero en cuanto lo consigue, sabe que morirá por ello.

P.C: acabo de tener una revelación. El tráiler de Encontrando Dragones es como ver a un Harry Potter en una película que no se llama Harry Potter y algo más...
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x.Momento: voy a cocinar, pero no quiero
x.Estado: embrutecida
x.Anime del día: Gantz
x.Libro: ninguno (¡Ninguno! Me quiero morir...)
x.Serie: House


Y es un imperativo. Me han faltado las exclamaciones para aseverar mi intención de convenceros. A todos. Protestad. Y da igual el motivo, si al final las excusas son mucho más abundantes que las protestas.

Vengo en son de periodista. Como aquella vez que me dio por comentar un panfleto de la huelga del 29 de Septiembre. Esta vez agradezco a Albert que cogiera un panfleto que yo no me vi capaz de coger, desplazándome silenciosamente por detrás de una estudiantes en la boca del metro, para adelantar por la izquierda al que repartía los panfletos. Y es que todavía no me leí la última revista que me repartieron, estoy decidida a hacerlo porque la he guardado, pero con pinzas...tanto contenido sindicalista recogido en tan poco espacio es mucho más apabullantes que la nadería de leer un panfleto. ¡Y que panfleto!

Para quienes decidan hacer de tripas corazón, voy a dejar un documento Word con el panfleto, pasado a mano con sudor y lágrimas, para quien quiera leerlo y comprender mejor mis palabras. Todo es cultura general: la economía, la relatividad, los panfletos sindicalistas... Y empecemos con el panfleto del Sindicato de Estudiantes.

En un primer momento, uno se siente anonadado y acongojado (cagado de verdad, sin tapujos) ante la brutal cantidad de palabras que convierten en algo difuminado el blanco característico del papel. Pero no tenemos que ir mucho más lejos del segundo párrafo para empezar a leer las bonitas barbaridades que hicieron que retomara esos agradables comentarios críticos de Bachillerato.

Hablando de jóvenes: ”...se nos acusa de ser unos vagos un unos consentidos...”, y digo consentidos, si os leyerais el panfleto entero veríais cuán consentidos son, pidiendo y pidiendo por todo. En serio, no se puede decir que no sois consentidos cuando la mitad de peticiones son comodidades de lo que se viene denominando ni-ni (la televisión hace mucho daño).

“Donde nada se dice de los 50000 no admitidos en FP este curso...” Aquí ya empiezo a enfadarme de verdad. Es NECESARIO un filtro regulativo que demuestre el esfuerzo de los interesados. Eso que se dice de que quien algo quiere, algo le cuesta. Yo como estudiante que escogió una de las carreras con una dificultad de las mayores para poder entrar, no me quejé ni un minuto. Para carreras de alta dificultad es necesario tener un control sobre las cualidades de aquellos que ingresan en el estudio. Cualquier gañán no puede entrar en cualquier estudio, y por ello cada carrera o curso de FP está regulado con una nota base. No todos podemos estudiar lo mismo, tenemos que esforzarnos para lograr lo que queremos y no es algo difícil de entender de que somos muchos y no se pueden hacer universidades cada dos kilómetros.

“...y del intento de penalizarnos con hasta 15 veces su precio por la repetición de una asignatura...” Esto me parece ilógico. Quien no se lo curra, tendrá que pagar por ello. Y soy bastante coherente, porque puede que yo sea una de las que tendrá que repetir asignaturas que no me saque este año, y pagaré el plus correspondiente a repetirla. Sé de lo que hablo y por eso lo hago. Independientemente del precio que se ponga, sí que creo que debería ser superior al pagado inicialmente.

“Siempre hemos estado en primer línea de la movilización: [...] huelgas generales, [...] contra las agresiones fascistas...” Esto sólo es un dato anecdótico. Porque, para empezar, a la huelga general que en su día comenté no fue ni el Tato, y para terminar, ¿qué diantres hace ahí plantada una frase en contra de las agresiones fascistas? Es publicidad barata embotellada con mensajes subliminales entre las líneas de un panfleto que lucha por los derechos de los estudiantes y, por qué no, por meternos con todos los que podamos por el camino, tengan o no tengan que ver.

“...el ocio que nos ofrecen es embrutecedor, para luego cínicamente criminalizarnos por ello.” Yo no entiendo qué quieren decir con esta frase. Porque, lo que entiendo yo, es que culpan a los demás de que les ofrecen un ocio malvado, perverso. O embrutecedor, en sus palabras. Sin duda si los jóvenes hacen barbaridades no es porque les estén obligando o porque no tengan alternativa.

Me voy a saltar todo un extenso párrafo dedicado a poner verde la Gobierno, que de esto ya no quiero participar, porque la gente se piensa que la crisis nació de la nada, y es algo que se ha ido formando durante años a base de la incompetencia general. Me quedo, simplemente con dos geniales ocurrencias:

“Basta de [...]endurecer las normas de permanencia y acceso en la universidad pública...”. ¿Cómo? A ver, que quieren que te pases 20 años metido en una universidad haciendo una carrera, o que después de dos años de haber suspendido todo todavía tengas la esperanza de intentarlo. La universidad no es una residencia, es un lugar donde aquel que no hace nada debe de dejar su lugar al que quiere intentarlo.

“Subsidio indefinido de 1100 euros al mes para todos los parados hasta encontrar un empleo”. Aquí ya tuve que ir la servicio para mearme de risa, dicho con cruentas y burdas palabras. Madre mía, madre mía. Que la deuda española no significa que España tiene mucho dinero para ir repartiéndolo, sino todo lo contrario. Indefinido encima, 1100 euros que son mucho más de lo que puede ganar alguien al mes con trabajo. Visto así, dimito de mi puesto y me voy al paro, que me dan más dinero y no hago nada. Así no se fomenta la búsqueda de empleo sino la modorra y la desvergüenza.

Y tras finalizar intentando recoger adeptos, que al fin y al cabo es uno de los muchos propósitos ocultos, yo finalizo mofándome de todas las tonterías que tengo que escuchar, yéndome a cenar y escribiendo más y más. Que visto de la siguiente manera, nunca más me volveré a quejar de la gente que escribe sandeces, porque vienen siendo mucho mejores que leer estos panfletos que se tildan de “progres” e inteligentes emocionalmente, y lo único que generan es un dolor de cabeza tremendamente progresista y ascendente.

P.C: descarga del documento completo pinchando aquí.
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x.Momento: asustada por mi iPhone
x.Estado: triste
x.Anime del día: Hellsing
x.Libro: Cazadores de Sombras, el Origen: Ángel Mecánico
x.Serie: Mentes Criminales

El desconcierto da paso a la tristeza, el no saber como reaccionar ante los acontecimientos. Ni un sólo momento he pasado sin pensar en cómo deben sentirse las personas afectadas por la catástrofe de Japón. Cómo deben sentirse todas esas personas que han sufrido un terremoto, un tsunami, y sucesivas réplicas que no cesan, van más de 20 y siguen, siguen importunando y evitando que el país deje atrás el miedo. Sólo de pensar lo afligida que estoy yo, se me parte la cabeza a imaginarme cómo deben estar allí, o aquí, o en cualquier lugar víctimas, allegados y familiares de las mismas.

Hoy iba a escribir varias cosas, pero supongo que voy a contentarme con dejar esta carta publicada en Rascacielos y Tortilla, de un familiar del autor del Blog. Ellos son los únicos que tienen permiso (por lo menos para mí) de hablar hoy.

Carta desde Sendai

"Se llama Geología.

Recientemente hemos asistido a una serie de terribles catástrofes naturales: Haití, Chile, Nueva Zelanda, Australia, China, los nuevos chamanes de la izquierda clamaron que era una clara respuesta de la Tierra a nuestro maltrato. También obra de extraterrestres o sofisticadas operaciones militares. Pero no. No hay dioses nº demonios que expliquen esos desastres. Asisto en persona a uno de ellos, aquí en el centro de Sendai, Japón. Esto se llama Geología.
Estoy en un refugio improvisado en una escuela en el barrio de Omahi, en puro centro de la ciudad. Hace algo mas de cuatro horas estaba en mi despacho de Profesor Invitado en la Universidad de Tohoku. Todo estaba en orden después del susto de hace un par de días en que la tierra tembló, nos levanto de la silla, pero nº nos saco a la calle. "Es fuerte pero esta lejos. No es el que esperamos" dijo mi colega el Profesor Katsuo Tsukamoto mientras la Faculta se movía como un tiovivo.

Hoy si. Hoy el centro del seísmo estaba a diez kilómetros de profundidad y casi en la vertical de la ciudad. Según pronto supimos 7,9 de intensidad. Y se noto. Me dio tiempo a pensar que debía desenchufar la tetera, los ordenadores, la lámpara. Poco más. Me uno a los que ya corrían hacia la escalera de seguridad. Pillé un casco de los que vi en el camino y bajé a trompicones. Cuando llegué abajo la tierra seguía temblando . Me fui hacia un claro con muro a media altura al que me agarre. Traté de alejarme del muro para sentirlo mejor, para sentirlo más. Pero no me supe mantener en pie, tuve miedo y volví al muro. Y la tierra seguía temblando. Miré al edificio que acababa de abandonar y que con su estructura antisísmica mantenía el tipo ante semejante ataque, pues la tierra seguía temblando. Más de dos largos minutos, lo que tardaría en leer este párrafo. Ya con las piernas temblando me uní a un grupo que empezaba a formarse en el jardín anexo. No hubo gritos. No hubo histeria, tanto que comente si estaban acostumbrados pero un colega comento inmediatamente que había sido el mayor de su vida. Todo se organizo inmediatamente. Alguien tomo el mando con un altavoz empezó a dar ordenes que yo no entendía. Mi anfitrión estaba de viaje en Tokyo, pero mis estudiantes que sabían inglés me tuvieron informado.

Después de que un piquete comprobara los destrozos, pudimos subir de seis en seis comenzando desde el piso superior a recoger nuestros abrigos pues empezó una fuerte nevada. Comenzó a llegar información sobre el seísmo. Todo el mundo tenía en mente Kobe y estaban preocupados por sus familias y sus casas, pero increíblemente la ciudad no parecía estar dañada, solo algunos incendios. El frío arreciaba y alguien ordeno cobijarnos a la entrada de un refugio que parecía menos dañado. Allí, mis alumnos empezaron a sacar cajas de víveres, agua, galletas y una lata de sardinas que guardo ahora por si hace falta mañana. "¿De donde habéis sacado eso?" - "llevábamos diez anos esperándolo, Profesor; está todo previsto". Todo organizado y además por gente que estaba entrenada para auto organizarse. Entendí entonces que esta ciudad se había preparado para combatir a este monstruo que esperaban pacientemente. Y lo había hecho con las mejores armas que tenemos: con Ciencia y Tecnología.

No podíamos quedarnos en la universidad. Bajamos desde la Colina andando porque el trafico estaba colapsado. Una pareja de estudiantes se ofrecieron a acompañarme para comprobar los destrozos en mi casa y llevarle a un refugio. Cuando me entere que no quedaba en el camino de la suya proteste pero me dijeron que habían pasado un año en Bélgica, sabían lo que es no entender el idioma local y no me podían dejar solos. Seguimos caminando bajo la nieve y cuando al cruzar el puente sobre el rio, atisbamos la ciudad, no pude contener la alegría de ver a la ciudad en pie, sus casas enteras, sus rascacielos enhiestos, con algún rasguño, pero victoriosa. En la cara de los estudiantes note el orgullo de la victoria. Habían ganado. El camino a mi casa fue una continua lección de comportamiento y al despedirse me dijeron "ya sabe profesor: esta noche lo importante es pensar que estamos vivos y que tenemos la obligación de seguir vivos.

Aquí, en el refugio no tengo noticias de la gravedad de los daños, aunque me imagino que el tsunami posterior ha debido ser tremendo. La tierra sigue -cinco horas después- enviando violentas replicas que nos mantiene en vilo pero con la esperanza de salir de esta. Aunque a veces huela a azufre, no son diablos ni dioses quienes las envían, ni son ejercicios con bombas nucleares ni es la tierra enfurecida con la humanidad. Esto se llama geología, es ciencia y es tecnología, y lo sabe un pueblo que quizás acaba de ganar una batalla histórica."

P.C: hoy hacen 7 años del atentado en España en la estación de Renfe de Atocha. Momentos para recordar...
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Todo a su alrededor era sospechoso, tendenciero, malversado. Andar por la calle se convertía en la ausencia de inocencia y en la búsqueda de maldad ajena. El recorrido desde la estación hasta su hogar no erademasiado largo, lo que podía evitarle el llegar agotado por tanta agonía inducida, por toda la pena que creía ver en cada rincón de la abierta y extensa calle directa.

No le gustaba la multitud del metro. Tenía que lidiar con sus peores pesadillas nada más pararse en su estación. La gente tenía derecho a bajarse en cualquier lugar que quisiera y sin embargo, cuando él se disponía a caminar, siempre se veía obligado a mirar con los ojos entornados hacia atrás, para intimidar a todo aquel que cogiera el mismo camino. "No me sigas más", quería expresar su mirada, pues sus primeros pensamientos malignos versaban en cómo una persona puede pasar de andar tranquila a perseguir a un joven desconocido.

Seguir andando le causaba más problemas, pero él no podía otra cosa que cerrar los ojos y decidir caminar lo más rápido posible para poder llegar a casa. Una anciana sentada en un banco lo miró intimidatoriamente durante los breves segundos que tuvo que pasar por su lado mientras él sonreía: al parecer, no era el único que sospechaba de todo. No era un día especialmente tumultoso, por lo que respirar aliviado fue lo mejor que pudo hacer, con la sensación en el aire de que sin duda ese día iba a poder llegar sano y salvo a casa, sin dolor de cabeza, sin sufrir.

Una pareja salió de un portal colindante, en un principio andaron unos pasos y seguidamente se despidieron, dándose un beso amoroso. Pero sin duda, el hecho de una normal despedida de pareja que se ama no era condición suficiente para que él pasara de largo como si nada. Sin duda, amantes que tras consumar su secreto amor en el apartamento de alguno, se despedían con pasión y recelo, sin saber cuándo iban a poder verse de nuevo. Ni una vida juntos, ni amor, sólo engaño y secretismo.

Una mujer embarazada, recién salida de la peluquería, andaba cerca de su hijo en dirección a casa. Con una sonrisa en la cara le mostraba su nuevo peinado en una confirmación de que había hecho lo correcto. Y otra vez, esa mujer feliz y madre de familia se tornó en alguien que era madre soltera, que desconocía el nombre del padre de su futuro hijo (y probablemente el de su hijo mayor también) y que había pasado por rehabilitación, si es que no tenía que volver a ir una vez diera a luz.

Y de pronto, la calle despejada. Vacía, sin nadie a quien mirar con recelo, sin nadie a quien juzgar deliberadamente. Y pareció como si de su corazón cayese un peso, se liberara de la cruel carga que tenía que vivir todos los días por tener una mente tan perjudicial para él. Porque todas las personas que recorrían la calle sin duda desconocían de todos sus pensamientos, y nadie jamás sabría que pasaba por esa mente. Sólo él tenía que aguantar cómo cada uno de los prejuiciosos pensamientos le atormentaban más allá de su casa, lejos de sus cuatro paredes protectoras que lo liberaban del mundo exterior. Pero nadie jamás sospecharía de que tenía una mente tan pervertida, nunca exteriorizó su tristeza más allá de la excusa de un mal día en clase.

Llegó a su portal, buscó las llaves ansioso y volvió a respirar una vez más. Ya estaba en casa y la próxima vez que saliera a la calle probablemente ya no estaría sólo, como en esos momentos al volver de la universidad. Metió la llave en la cerradura, sonrió y se dispuso a entrar.

-¡Dani, espérame!...
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x.Momento: descubriendo mi teclado
x.Estado: desconcertada
x.Anime del día: Bakuten Shoot Beyblade G-revolution
x.Libro: La evolución de Calpurnia Tate
x.Serie: El Barco

Puede que en estos instantes esté en una fase de total incredulidad ante mi teclado. De toda la vida, pulsando Alt Gr + 4, te salía el icono este del rabillo de la ñ. Pues resulta que a mí me salen esto: ¢ . Que todavía estoy intentando descifrar lo que es. Además, he aprendido que mi teclado entiende de idiomas y de religiones, véase la cruz del Señor, †, la letra π convenientemente preparada en la tecla P, la  que no debe faltar en todo ordenador Mac, y ya que me he emocionado...®ø~§™ƒ∂∫Ω∑©≤≠÷∞. Dios Santo, mi portátil está hecho para mí, con todos esos símbolos de letras griegas y operaciones matemáticas, totalmente a mano. Además, por ahí creo que andan los tres puntos suspensivos, por Alt + . en lugar de tener que escribir los tres. Ahí, arriesgando con los vagos, ingeniando el futuro de personas que no serán capaces de escribir los tres puntos por pereza, que siempre es mejor darle a dos botones que a tres, minimizando.

He hecho una pequeña reestructuración de mi blog, básicamente porque me canso rápido de todo y porque quería darle otro aire, volver a mis momentos del Blog en Pitas donde lo que primaba era el diseño y las ñoñerías que le pusiera. Hoy es un día vigoroso, entretenido y fugaz, donde tenía un propósito que he cumplido y donde he querido hacer un poquito feliz a una persona, y creo que lo he conseguido. Así que, logrado eso, ¿qué más puedo pedir? A mi madre siempre le pido un novio con corbata, pero creo que eso ya sería excederse, no voy a pedirle a ningún bloguero un novio con corbata, ni tampoco que se postule nadie (recuerdo mis tiempos en que hacía carteles en busca de un príncipe, más bien era una indirecta para el príncipe, que doy gracias de que la pillara enseguida).

Mañana será un día nuevo, un examen nuevo, una comida nueva y todo el tiempo del mundo. Repito ya lo que dije hace unas cuantas largas horas a alguien. "Qué son cuatro años comparados con toda una vida contigo". Eta frase sale de boca de Samuel, personaje principal de "Susurro de Besos" de Dorianne, libro que recomiendo enormemente y que sólo está disponible por Ediciones Babylon o a través de la propia autora, cuyo Blog podéis ver si pincháis aquí. Me alegra saber que después de todo lo que he leído siempre encuentro alguna frase, experiencia o enseñanza en cada libro o historia breve. Ahí dejo la última que he recibido, y quien sabe, quizá me anime a escribir frases cada día.
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{Ahorrar saliva}

Dicen que las discusiones enriquecen. Dicen, y digo, pues siempre he sido de las que piensan que discutir es sano, no con mala intención, más bien como un debate espontáneo que toma carices efusivos.
Pero hay personas que prefieren vivir en la ignorancia, y enriquecerse de nada. Últimamente me estoy leyendo un libro: “La evolución de Calpurnia Tate”. La joven Callie empezó a ver con otros ojos su río favorito para bañarse cuando descubrió los seres microscópicos que allí vivían. Definición gráfica de que el ignorante es feliz. Pues algo así sucede con la gente que no discute, y es que tiene miedo de descubrir cosas que no le agradarían.
Por eso, antes de toda discusión, hay que hacerse dos preguntas fundamentales. La primera: “¿será capaz dicha persona de aguantar el debate?”. La segunda: “¿quieres que esa persona descubra cosas que no le van a gustar?”. Y cuando hayas respondido satisfactoriamente ambas preguntas, puedes empezar o no con el debate. A veces, sabemos que daremos a conocer opiniones que por los motivos que sean preferimos no dar a conocer. En ese caso la discusión es loable. Pero no discutir porque te sabes derrotado o porque te escupirán verdades a la cara es de cobardes, y de hecho, de personas escurridizas y sin sentido crítico.
A mí no me vale el ahorrar saliva, soy de las que prefieren utilizar los pulmones, si es necesario.


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{El mundo de la marquesina}

Es extraño el mundo de la marquesina. Ella anda perdida la mayoría de los días en busca de un marqués que la colme de alegría. Tan sólo con ocho años ella es capaz de vislumbrar su futuro con un marido halagador mientras sus amigas desconfía de su gran imaginación. ¿Un marqués?¿Un marido?¿Para qué querrían las jóvenes del lugar, tan felices y llenas de vida, algo así?
Así es la vida de la pequeña marquesina. Un poco incomprendida pero avanzada a su tiempo. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que busca todo el mundo?¿El amor?¿Alguien con quien compartir la vida? Yo creo que ya me cansé de eso, no debo seguir buscando cosas que no me reportan nada. Porque yo pienso con el egoísmo, que en estos instantes me obliga a pensar que los sueños de la pequeña marquesina no tienen sentido ni lógica y con ella, el resto de toda la especie humana.
Mañana traeré los resultados de un experimento que realizaré. Así podré comprobar un poco más de la sencillez de la gente (y no me refiero a la sencillez que se admira sino a la que se acerca a la idiotez) y de paso se abrirán ante mí las incógnitas de la obligación que padecemos las personas de satisfacer una responsabilidad o código cívico autoimpuesto.



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{Olvi...}

Era una idea perfecta, algo que sabía que pondría rumbo a mis nuevas ideas en este lugar. Pero como todas las ideas perfectas, nacen de una idea madre, la idea feliz, que es fugaz como una estrella afortunada y poco clara como el agua de un lago. Y así, me olvidé. Me olvidé de la idea perfecta, de la feliz y suerte de que no olvidé mi nombre. Lo peor está en esa frase del subconsciente que te dice: “te lo dije”. Porque cuando tuve esa idea feliz pensé: “sería bueno que me lo apuntara, puede que no todo, sólo el título para refrescarme la memoria”. Y ni eso, y sin eso ni lo otro, el olvido.
Supongo esta entrada como un pobre intento de que, según vaya hablando de esa idea feliz, ésta quiera volver a mí como si su simple mención la obligara a hacer acto de presencia: “no te olvides de mí, soy demasiado perfecta como para que me olvides”. Pero olvidada está, y línea tras línea confirmo que no va a volver jamás.
¿Qué hubiera pasado si...? Puede que sea una pregunta que se hace la gente demasiadas veces cada vez que se toma una decisión sobre algo. Por mucho que la decisión implique que queremos tomar un camino y no el otro, no podemos evitar pensar en el otro, pensar en la alternativa a nuestra decisión. En este caso es aplicable, qué hubiera pasado si hubiera tomado apuntes. Probablemente el otro camino no hubiera mutado en una tesis doctoral (a pesar de que, hace dos días, leí de un físico que hizo una tesis doctoral de diferenciales con dieciocho años; somos patéticos).
Pero hay veces que las cosas las olvidamos por voluntad propia. Y no es una leyenda urbana, no se puede refutar diciendo que por mucho que intentemos ocultar una idea o hecho, éste vuelve a nosotros si es necesario. ¡Mentira! La mente no es un ente impropio, somos nosotros mismos, y nosotros decidimos qué debemos olvidar y qué no. Obviamente, con olvido en este caso me refiero a un aparcamiento en nuestra mente, no al olvido con definición RAE exacta. Eso sólo lo consigue el tiempo y la vejez, ambas directamente relacionadas.
Otras veces únicamente olvidamos. Sin más. No hay discusiones. Olvidamos porque tenemos que olvidar, y siempre podemos recordar eso que se olvidó de pronto, sin más. No una idea perfecta que se evaporó entre los dedos, sino una idea que perduró durante años y un día decidió desaparecer. Ésas permanecieron demasiado tiempo entre nosotros como para ser olvidadas tan fácilmente. Son ideas hogareñas, ideas de afecto y cariño; no son ideas felices que danzan entre la multitud, que se posan en unos pocos y que no dejan rastro, a excepción de aquellos que son los suficientemente perspicaces como para distinguir la especie de idea, desconfiar de ellos mismos y pensar qué, sea el olvido que sea, nunca está de más recordar lo a veces no olvidado.
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{Cuando quieres matar a alguien}

¿Qué hacer cuando quieres matar a alguien? La sensación de impotencia, el hormigueo en la palma de las manos, las ensoñaciones unidas a una renacida imaginación.
Érase un hombre que quería matar a su mujer. En su diario apuntaba mil y una formas factibles de poder asesinarla, aunque a todas ellas siempre le encontraba un fallo lo suficientemente fuerte como para que sus ensoñaciones no pasaran a ser actos. Érase un hombre que fue asesinado por su mujer. La mujer lo mató en defensa propia, al verse amenazada por las mil y una formas que su marido había pensado para matarla. Érase una mujer libre que asesinó a su marido tras haber escrito en un diario las mil y una formas que había pensado para matarlo, haciendo ver que era él quien quería verla muerta.
Son esas las capacidades del ser humano de idear mil formas para asesinar a alguien. Porque si hay algo en esta vida que tiene que salir a la perfección es, sin duda, un asesinato. Y si hay que culpar al inocente, hasta eso seremos capaces de hacer. Porque es el claro ejemplo de pagan justos por pecadores, porque no hay rey entre los asesinos y porque cualquiera puede morir de forma sospechosa.
Hoy he querido matar a alguien. En forma metafórica, soy de aquellas personas que se dedican a matar a gente, porque sin duda desearía tirar por la ventana de mi edificio universitario a más de una persona. Pero hoy, por primera vez, no sólo me he contentado con pensar: “te mataría...” sino que, además, me lo he imaginado. ¿Qué tan malo es ser yo? ¿Qué tan malo es pensar como yo? Y sin duda todas aquellas personas muertas metafóricamente se merecían la siempre injusta muerte por pensar que todos en el universo debemos de ser iguales, excepto los extraterrestres que, por alguna razón, siempre resultan tener más de todo: más ojos, más dedos, más tecnología, más inteligencia...
He sufrido una desilusión. Fuerte, muy fuerte. De estas de sorpresa que te hacen llorar, pero que no consiguen que llores. Que te atacan en momentos comprometidos en los que tenías que sonreír y alguien dijo: “oye, sigue sonriendo que te estás poniendo trágica”. Y a mí las desilusiones me pueden, las disculpas y las explicaciones consecuencia de las desilusiones que provienen de posibles malentendidos no me valen. Si entiendo mal, ahí se queda la mala intención.
Y como en este instante no puedo estar más serena de lo que estoy ni más convencida y reafirmada en lo que digo, voy a matar las contemplaciones que pudiera tener, y seamos serios. Si hay alguien que mata por instantes soy yo, y ya va siendo hora de no hacer distinciones a la hora de tener que soltar un par de sopapos orales. Cuando quieres matar a alguien, la mejor opción es imaginarlo lentamente, a la vez que una sonrisa atraviesa tu cara. Una de estas sonrisas que hacen pensar a los demás que necesitas de psicólogo, pero que en realidad sólo transmiten la tranquilidad que te produce tu pensamiento.
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  • Hola, mi nombre es Ruth y soy ingeniera aeronáutica, residente en Madrid (España)
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Ruth Salinas

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