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{School Days}

Escribo estas palabras en un alto estado de shock. Podría decirse que estoy anonadada, confundida, impactada, sin palabras. Y es que hace apenas tres minutos he visto el duodécimo y último capítulo de una corta serie de anime japonesa llamada “School Days”. Y sí, menudos días de colegio...
En mi búsqueda por un personaje para hacer el cosplay en el próximo Salón del Manga que se celebra en Julio en Tenerife, me topé con la imagen de una chica de uniforme. En un principio me pareció un traje relativamente fácil y asequible, que no desentonaría mucho y que podía ser una buena opción en mis primeros pinitos de este mundo. Sin embargo, nunca pensé que de forma sorprendente me fuera a topar con semejante personaje...a mí vienen todas las desgracias.
Al buscar información sobre la imagen vi que la chica se llamaba Katsura Kotonoha, personaje de “School Days”. La serie versa sobre Makoto Itou, un chico de una escuela que se enamora de Katsura, a la que ve todos los días en el recorrido de tren hasta la escuela a la que ambos van. Su nueva compañera de pupitre, Saionji Sekai, descubre su secreto y le ayudará a conseguir el amor de Katsura.
Hasta ahí, todo bien, y aviso de que esta entrada tiene un alto contenido de spoilers y de revelación de datos cruciales de la serie, incluido el final. Así que, aconsejaría no leer más allá de estas palabras para quien quiera ver la serie y guardarse las sorpresas que en ella se encuentran, y entrar en este estado de shock del que yo todavía no he salido.
La serie tenía la típica pinta de serie cómica de nipones, algunas que ya he visto como Galz, Maria Holic o B Gata H Kei entre otras. Típicas series de escenas chibis, personajes llorando y con un montón de iconos por la cabeza. Pero es en el tercer o cuarto capítulo cuando descubres que, aunque nada en la serie lo parece, te vas a llevar una gran sorpresa.
Desde un primer momento se puede notar que Saionji está enamorada de Makoto, eso es más que obvio. Para aquellos que no tienen ni idea de las cosas del amor, está claro que la chica que ayuda al amigo a conseguir la novia, y que por ello pasa todas las horas que puede con él, sólo puede ser esa chica que está enamorada pero quiere ver a ese chico feliz. Pues bien, probablemente Saionji no contaba con el factor “hijo de su madre” de Makoto que, a parte de ser un personaje inmaduro y simple, es un pervertido y sólo piensa en lo que piensa: estar con chicas guapas y mandar a la mierda los sentimientos de las demás.
Esto implica que, obviamente, termina estando con Saionji a escondidas de Katsura, que representa el amor incondicional por encima de todas las cosas. Ese amor que es sufrido, que se resiente, que lucha a contra corriente y que es capaz de asumir todas las vejaciones por encontrar eso que cree felicidad. Con Katsura he llegado a ver las escenas más emocionantes de la serie, que iré relatando a continuación, y las frases tan impactantes como ser capaz de estar con Makoto a pesar de que todo el mundo daba por hecho que éste estaba con Saionji, tanto que se notaba.
Pero Makoto no se contenta con hacer sufrir a Katsura, sino que, una vez declarado su amor a Saionji y prometiendo estar con ella sinceramente, se pasa por la piedra a todas las chicas que salen en la serie. Se libra Namura que, sinceramente, es la única decente. Así que Saionji se suma a la lista de corazones rotos de Makoto.
Tras mil y un desplantes, Makoto decide terminar finalmente con Katsura y ésta se vuelve terriblemente loca. Aquí es cuando yo empiezo a entrar en ese estado de quedarse pasmado frente a la pantalla del ordenador y olvidarse de los subtítulos. Somos partícipes de varias escenas en las que se ve a Katsura, que no puede enviarle mensajes a Makoto ni llamarlo porque éste ha bloqueado su número de teléfono. Y, aún así, como si fuera una chica descorazonada, habla por teléfono como si estuviera Makoto al otro lado, hace planes con él y lo espera día tras día en el mismo sitio, como si fuera a aparecer. El dibujo está logradísimo, reflejando la angustia en unos ojos sin brillo y en una sombra amenazadora. La imagen de Katsura hablando como si nada a un teléfono que le dice: “el número al que llama no está disponible” es estremecedora.
Saionji pasa por un mal momento al ver marchar a su mejor amiga a otro país, una breve depresión que se ve aumentada por el poco apoyo, siendo amable en las palabras, de Makoto y por un posible embarazo del que termina enterándose todo el mundo...¿Y qué sucede? Pues que con todo su morro Makoto vuelve con Katsura, que cuando lo ve se comporta como la perfecta esposa, como si nada hubiera pasado, prometiéndole a Makoto ser buena en todo, no desconfiar, y prácticamente le faltó decir que se dejará pisar por un tractor si eso lo hace feliz.
Y lo que le pasó a Katsura cuando Makoto y Saionji se hicieron novios, sucede ahora con Saionji cuando Makoto y Katsura se hacen novios, otra vez. Pero doce capítulos y un vaso colmado no dan para que el trío se complete con escenas yuri. Aunque a lo largo del delirio de Katsura podemos ver muchos cuchillos en varias escenas, y sonidos metálicos que acompañan a la nombrada, no es hasta ahora cuando podemos comprobar la importancia que tienen. Y es que Saionji, que parecía la más fuerte, es la primera en darles uso con un trágico final: la muerte de Makoto. Asesinado en un rebato pasional por parte de Saionji, está sale huyendo y recibe el susto de su vida cuando recibe un mensaje del propio Makoto diciéndole que la verá en la azotea.
Allí, se presenta Katsura, acusando a Saionji de que el embarazo es falso, que lo único que quería era mantener a Makoto a su lado, pero que él la quiere a ella. A continuación, una bolsa de deporte en la que intuimos que se encuentra la cabeza de Makoto, cortada por Katsura que se presenta en su apartamento tras la huida de Saionji. Al final, la que mayor delirio presentó, gana, y Katsura termina con la vida de Saionji abriéndola en canal para comprobar que no tenía nada en su interior. Aquí podemos creer las palabras de Katsura o que el corto periodo de embarazo no puede hacer ver en el interior de Saionji un atisbo de vida, todavía.
Imagen final: Katsura en un yate, yate mencionado tantas veces en sus conversaciones imaginarias con Makoto. Y la enfocan a ella, feliz, abrazada...a la cabeza de Makoto. ¿Espeluznante, malditos japos?
Pues no, no. Todas las enseñanzas que transmite esta serie son inmensas. Lo que para Makoto era un juego se terminó convirtiendo en su muerte, por no madurar y no ser capaz de darse cuenta de que los sentimientos de las personas pueden lograr todo tipo de cosas, las mejores y las peores. La timidez y retracción de Katsura se convirtió en una lengua bífida que hacía sufrir a Saionji, con tal de mantener a su amado para siempre consigo, llevando el amor más allá de la muerte y del delirio. Y para Saionji, que se metió en un berenjenal y pensó que podría salir de él, sólo quedaron la culpa de un asesinato y la resignación de una muerte que nadie se esperaba.
Recomiendo sinceramente ver esta series, ya no sólo porque, aunque sigo escribiendo esta larga entrada, tengo todavía el estado de shock en mi mente, sino porque por perder un poco de nuestro tiempo podemos ver plasmadas cosas que pasan en la vida real. Puede que se haya puesto en el extremo para darle mayor drama, pero sólo es una posibilidad que se puede contemplar, ¿o no se ven asesinatos todos los días?
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{Te odio *original sin modificación*}

“Te odio. Te odio porque soy malvado cuando te tengo cerca. Cada mañana me observas con tu mirada ladina, me llamas con ella, me suplicas que me acerque y te haga mía. Miras a tus padres con desprecio, los aborreces porque no nos dejan estar juntos. Yo también los aborrezco porque ellos no me quieren, lo noto en sus gestos. Sus caras se congestionan cuando te miro, porque creen que soy una amenaza, porque dicen que te miro con deseo y que eso les produce asco.
Te odio porque no me defiendes. Tú les sonríes a lo que dicen, les dices que no me conoces de nada y que no tienen de qué preocuparse. ¿Por qué les mientes? ¿Por qué me niegas? Todas las tardes al salir de tus clases me vuelves a ver y me vuelves a mirar, a veces te sacudes el pelo con la mano, te lo peinas son sensualidad. Siempre me miras cuando lo haces, siempre te mantienes lejos de mí obligándome a perseguir tu figura.
Yo le pregunto a la gente por ti, me intereso por tus gustos, tus aficiones y tu forma de pensar y de ser. Tú no le preguntas a nadie porque lo sabes todo sobre mí. Recibes todas mis cartas y a todas contestas, cada vez con más atrevimiento, prometiendo cosas que luego no cumples.
A veces me contestas con tristeza, lo noto en tus palabras, me cuentas que tu familia no quiere que seas feliz, que siempre tienes que dar explicaciones, que no te dejan relacionarte con quien de verdad quieres. Sé que me estás pidiendo ayuda, sé que quieres que estemos juntos. Por eso, porque te odio y te amo tanto, no me quedaré de brazos cruzados esperando tus miradas, conseguiré que estemos juntos, mi amor. Para siempre.”
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{Quiero, siento...ámame}

Ahogando las penas en mil excusas no se puede llegar a una total evolución. Las caídas, recogidas y nuevos alzamientos nos permiten evolucionar. Cada una de las muertes que sufrimos en vida nos invitan a dar pasos de gigantes, a no perder los trenes de experiencia, a resurgir lejos de nuestras cenizas, a dejar atrás todo lo que quemamos del pasado.
Siento que padezco de todo lo perecedero. Que irreversibles se vuelven todos los momentos en los que dije que quería y nunca quise. Y, si lo pienso, sólo una vez eso sucedió. Quiero. Quiero con sinceridad, y no quiero otra cosa que no quiera para mí. No quiero de gratis, no quiero por pena, compromiso o compasión. Quiero con egoísmo, para mí, sólo para mí. Quiero cada instante y no me conformo con eso, quiero más, quiero explotar de querer y cuando lo tenga todo y más, querré que eso no se vaya jamás. Porque quiero querer demasiado, para demostrar que no es malo, solamente peligroso.
Todo lo que quería lo he tenido. No se trata de procesos complejos del Cosmos, donde querer es poder. Pero surte un efecto inmediato en nuestro entorno. La gente siente lo que queremos los demás, de forma inconsciente y sin intención. La gente está en la obligación de ayudarte a lograr lo que quieres. Yo he querido imposibles, y los imposibles han venido a mí como absortos, sin darse cuenta siquiera de que ponían un pie por delante del otro. Y los caprichos se suceden, yo no quiero lo que quería. Todo lo que no quiero que quise se va por otro camino distinto del de venida, porque el camino andado no se puede desandar después de verse casi obligado a querer cumplir lo que quería y verse derrotado.
He querido mi bien sin quererlo. He querido sentir pasiones encontradas en la experiencia, he querido disfrutar de momentos desagradables, he querido sentirme bien por hacer las cosas mal y dejar de sentir por ello. He querido simplemente dejarme llevar y olvidarme de las responsabilidades morales. Y mi bien querido triunfó sobre el desconsuelo. Es como la lucha interna de las pasiones y las responsabilidades, el deber, el “bienhacer” que se podría enunciar. He querido olvidar que los demás querían y sentían, momentos conocidos en los que te rodeas de mil brazos que son inadecuados, que sientes cuando debieras callar los rumores de tu cabeza, que recuerdas de las veces que cumpliste tu querer y destrozaste partes de tu ser, dejando cenizas por el camino.
Pero son partes de mi muerte, pequeñas partes de infarto que no soportaron la falta de sangre. Ahora los rumores se callan con miradas de indiferencia. Las disputas internas dejan de agolparse en mi cabeza para dar lugar a verdaderos mutismos. Y así nadie se deja llevar. Son recuerdos guardados en cajas de sentimientos que se tienen, de placeres que mueren y de muchos quiero que no se cumplirán más allá de la soledad del pensamiento. Así muere el querer, con pequeños momentos en los que corroboramos que, a pesar de todo, no todo lo que se quiere se consigue.
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{Franco dolor}

Te quieres sentir bien. Te relajas y respiras, porque seguramente no debe haber otro momento en el día que te permitas hacer eso. Las pérdidas de tiempo y el poco empleo producente del mismo te hacen pensar que escodes tu desidia entre cartones de despotismo, de mentiras e injurias. Mentir es más fácil que ser francos, que dictar a tu vida el camino de la veracidad.
Ser sincero duele. Duele en el alma porque te hieres a ti mismo. La gente sufre de tus palabras, sufre de que por mucho que quieran, saben que todo lo que tu viperina lengua transmite es verdad. Y la verdad es cruenta y certera. Un arma de doble filo que ataca sin contemplación a aquel que recibe las duras palabras y el que las vocaliza.
La sinceridad no es amable. No contempla los matices de que las palabras puedan ser dichas con un tacto desmedido. La verdad es tan pura que la única forma de que siga siendo ella misma es en blanco, o en negro: la verdad sin cortinas, sin bonitos vestidos de atractivo, sin palabras de dulzura y sin agradables miradas. La veracidad de las palabras es un puñal directo a corazón, un puñal de extremos afilados que une a dos personas en una desgracia.
Aquel que dice la verdad con mayor o menor acierto, con más voluntad que los demás, está condenado. Ver el mundo sin un velo de visillo, sin nubes ni niebla premeditada. Y duele verlo todo, con todos los aspectos y arrojos. Cuando alguien se embarca en la empresa que es la sinceridad sabe que tiene que jugar con más variables defensivas de las que hubiera querido. La verdad se convierte en secretismo, en soledad, en rechazo. Todo lo que te obliga a guardar rencor, odio, venganza. La inocencia es sólo una mentira más del mundo. La verdad puede que simplemente sea la mentira más concienzuda de todas.
Y cuando te das cuenta de que las personas siguen con sus vidas llenas de mentiras, sin querer ni un solo instante esa verdad con la que has guiado todos tus pasos, piensas en si podrás pensar con la misma claridad de un principio. Sin soledad, secretismo, rencor...simplemente con esperanzas de franqueza. Y ves que, después de todo, ni siquiera la verdad sabe a verdad.
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{Bi que tocó la puerta}

Primera persona del singular del pretérito perfecto de indicativo del verbo ver: Yo vi. Así que no, no es que de repente me haya vuelto pollina y no sepa cómo diantres se escriben todas las conjugaciones posibles del verbo ver. Es que simplemente no me estoy refiriendo a nada que haya visto.
Recientemente a alguien le ha dado por llamarme bisexual. Es un proceso evolutivo, quiero creer. En primera instancia se decantó por decir que era lesbiana y que sería mejor que todas las mujeres de alrededor supieran que quería, en palabras directas, violarlas o similares. Ahora hemos llegado al estadio de la bisexualidad, de manera espontánea y espoleado por comentarios del género masculino de mi clase.
A caballo regalado no le mires el diente, que se dice. La paciencia sólo me llevará a que de una vez por todas acepte mi heterosexualidad. Aunque, como ya le he asegurado, prefiero que me diga bisexual a lesbiana, por lo menos lo primero tiene mitad de verdad. Y todo porque una intenta hablar de temas serios y actuales. Mi propósito no fue otro que exponer el pensamiento que tengo sobre lo que denominé personalmente machismo indirecto.
Resulta que, en todos los casos que he barajado, los hombres sienten asco hacia la visión de una pareja gay besándose, pero sin embargo les da morbo ver una pareja lésbica en el mismo acto. Vale, entiendo que a un hombre no le produzca un placer exclusivo ver a dos hombres dándose el lote, pero mínimamente la indiferencia es lo primero que debería rondar por sus cabezas si con las tías no les pasa lo mismo, en lugar de asco. Y esta era mi postura.
Sin duda ninguno se creyó que a mí me provocara el mismo sentimiento ver a dos tíos o a dos tías besándose. Es como ver a una pareja normal y corriente, si no me da asco ver a un chico y una chica besándose, ¿por qué tendrían que hacerlo dos chicas? Al parecer la conversación derivó momentáneamente en política y luego continuó de manera sorprendente en un debate totalmente distinto: el hecho de poner mantener la misma relación si tu mejor amigo/a te declara su amor. Y digo yo, ¿qué puñetas tiene que ver eso con el debate inicial? Pues es lo bonito de las conversaciones, que se pueden hacer eternas porque se cambia de tema como de postura.
La conversación fue interrumpida por el profesor y quedó en bromas que cortan el momento. Hasta ahí, una ecuación del gusto másico y de la variación de atracción sexual, que viene definida por la perversión y la variabilidad del calor con respecto a la perversión. Es la forma que tenemos de expresarnos los ingenieros, nos gusta tanto ser así que tenemos que hablar ya con términos científicos, más que nada para no hundirnos en nuestra miseria de estudio y estudio. Que se vea que sirve para algo más, como para cultivar nuestro ingenio.
Pero así son los casos evolutivos, se empieza con una cosa y se acaba con otra. Yo, de momento soy una bisexual que espera con ansia que alguien reconozca de una vez que me gustan tanto las mujeres como sacar un 0 en un examen.
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{Marcelino y Valentín}

Marcelino era un hombre bueno, hasta que Valentín le jodió la vida. Venga, vale, que mi Blog no tiene horario infantil no esas cosas. Más bien soy como Telecinco, que a las tres de la tarde cuando los niños, antes de hacer los deberes, deciden poner la tele, ven en Sálvame como todos los hombres y mujeres mayores se insultan y gritan como energúmenos. No, creo que compararme con Sálvame es denigrante. A mis dieciocho años cuento con mucha más cultura y expresividad que ellos.
Valentín no se puede considerar una mala persona, pero tiene momentos en los que llena un coche de post-it con la palabra “Te Quiero” en el coche de su novia, que luego dice en el periódico que odia las sorpresas; hace pizzas con masa en forma de corazón; estrena nuevos perfumes que vienen con cartas de amor; atonta a las parejas felices de aeronáutica haciendo vomitar a sus compañeros; prepara mil sorpresas a los enamorados y es odiado por la mitad de la población.
Vale, se me ha notado descaradamente que estoy hablando de esa fecha tan bonita: 14 de Febrero y San Valentín (que no 7 de Julio y San Fermín). Pero es que hoy he visto el anuncio de Telepizza: “hasta el 14 de Febrero te hacemos las pizzas con la masa en forma de corazón”. Puedo dividir con guiones cada una de las sílabas de la palabra patético, pero creo que quedará igual de claro que si la escribo tal cual.
Ya mencioné anteriormente que hablaría de esto antes de que llegara, pero no creo que tenga la paciencia y el coraje suficiente de ponerme a hablar de ello el mismo día. Creo que el Lunes prefiero ir a un Sex Shop, comprarme una muñeca hinchable, inflarla, y salir al Retiro a dar un paseo en barca. Pagaría por ver la cara de la gente.
Marcelino también pagaría, sólo por ver como Valentín se siente ofendido y humillado ante semejante atrevimiento. Pero así somos la gente racional y apática, nos damos cuenta de la realidad. El Romanticismo fue un movimiento literario basado en el suicidio, así que invito a todos los románticos de hoy en día a que el 14 de Febrero en vez de llevar a sus parejas a hacer ridiculeces, cojan un cúter y...bueno, que den rienda suelta a su imaginación. ¡Ay, madre, lo que acabo de decir! Como se me ocurre.
La gente puede pensar que es despecho, que soy una amargada sin pareja con celos y que se me caerían las bragas si tuviera a alguien que me llevara a hacer algo romanticón por San Valentín. Pero tengo un ejemplo de alguien romántico que lo es todos los días y que no llega a esos extremos de asco, y a mí con un ejemplo me basta. Incluso cuando he tenido pareja el que se acercara San Valentín sólo lograba que me pusiera a la defensiva y que suplicase piedad a mi enamorado. Suerte que yo suplico a base de malas miradas, efectivas y amenazadoras.
Yo no soy de apuestas a lo Ángel Martín, demasiado arriesgadas con porcentaje de acierto cero. Pero me gustaría saber que hay alguien más en este poblado universo que piensa lo que yo. No eso de que hay que demostrar el amor todos los días y no sólo uno. ¡Por favor! Que eso tiene un buen contraargumento por parte de los enamorados. Simplemente quiero creer que hay personas que piensan que Valentín se portó mal con Marcelino. ¡Y tiene que morir!
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{REDdependencia}

Que no consiste en caer en la dependencia de nuevo. Ni ser doblemente dependiente, ni mucho, ni nada relacionado con esa dependencia psicológica. Es algo paradójico, el odiar la psicología en un sentido científico, porque no se puede considerar que la psicología se base en leyes irrefutables, más bien son sólo teorías, cosas inconexas (que he descubierto su significado en Matemáticas) o con poca veracidad. Tuve un pequeño encontronazo con la psicología personificada en un joven aspirante a Freud, que se quedó arrinconado en mi memoria vengativa y en mis elucubraciones homoeróticas. Es como un profe que te obliga a odiar una asignatura por su culpa, un gran símil para mi situación con la psicología.
En realidad, sé que uno no debe hacer caso a eso de que un pequeño polluelo decida hacerse doctor por el simple hecho de que le hayan dado un par de clases y no tenga más aspiraciones ni entretenimientos en su vida que debe centrar lo poco que tiene en ello. Sin embargo, la gente debería dejar de jugar con fuego cuando se trata de meterse en la personalidad ajena. Más si termina concluyendo que tengo una personalidad sanguinaria, tendencias psicópatas y, como no, mucha dependencia. ¿No se supone que gente con ese historial debe dar el suficiente miedo como para no mentarla siquiera?
Aun así, me veo en la obligación moral de tenerle un respeto a la psicología. Conozco gente de esos derivados que demuestra que merece la pena, a pesar de que yo no vaya a ir a un psicólogo en la vida (a no ser que me obliguen legalmente). Pero mi entrada no iba necesariamente de psicología, ni siquiera de dependencia. Más bien de REDependencia. Eso que he definido como el no poder vivir sin Internet, sufrir de dolor de cabeza, estrés traumático, delirios, desgarramientos de voz y torturas internas. Lo sé, melodramático pero cierto.
Llevo exactamente dos días sin Internet. La magia de la vida hizo que cuando amablemente le estaba ofreciendo el Internet de mi móvil a mi cumpleañero compañero de piso, Internet reapareciera misteriosamente. ¿Será que hacer obras de caridad conlleva a una mejora en la calidad de vida? Esto lo digo yo, que he podido sobrevivir con el Internet de mi móvil, por suerte, aunque tampoco se puede pedir mucho más de él, que demasiado fantástico es ya (Internet y el móvil) como para ponerme con exigencias.
Leí en un reportaje del periódico el País que Internet es malísimo para el mundo, supongo que será por la Redependencia. Pero hay que mirarlo con cinismo, ahora el mundo está más globalizado, podemos hablar con gente que vive a miles de kilómetros, podemos descubrir culturas nuevas, ampliar el conocimiento, estar siempre en contacto con los seres queridos, leer Wikileaks. Ya se sabe, estar en la onda.
Considero que Internet tiene la importancia que cada uno debe darle en cada segundo de su vida. En Enero, con dos semanas de vacaciones por delante que hubieran sido un verdadero infierno de no ser por la inestimable ayuda de mi hermana, todos los días publicaba no menos de cuatro tweets. Ahora apenas doy los buenos días. Porque las ocupaciones de uno le dejan el tiempo libre suficiente, o la voluntad, de hacer ese tipo de cosas. Sé que hay personas que se conectan al Facebook hasta en el baño (y no quiero pensar en la repercusión de eso) pero hoy en día eso es necesario. Bueno, no tan al extremo, pero sí es necesario en mi caso estar todo el rato conectada al Tuenti porque tengo unos amigos que sólo te hacen caso si les hablas por ahí. O al Skype, ese programa tan devaluado por el Whatsapp, que me es indispensable si le quiero ver la cara a mi madre todos los días.
Internet debe de tener también su lado malo. Hay gente que considera que jugar al WoW durante siete o más horas seguidas, ver 10 capítulos de Bleach seguidos, descargar películas (no he hablado del porno) o leer Wikileaks es perjudicial. Ya se sabe, por muy raras que sean las personas, las hay que piensan así. Pero también se mueren los tailandeses por estudiar 13 horas seguidas y nadie dice nada. También se mueren las japonesas porque su tamagochi se murió. Y también se murieron europeos que se tiraban de las ventanas con un traje de Superman. Ya se sabe, la dependencia es muy mala.
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{Costumbres raras}

Hay algo extraño en eso de la familiaridad. Es cuando descubres que las cosas familiares, rutinas, costumbres, delitos (sí, delitos) tienen algo más allá de lo que siempre sueles recordar. Es como darse cuenta de que algo que haces todos los días de la misma manera, tiene de pronto algo en lo que nunca te habías fijado, el perder la lógica del momento y rememorar el hecho de hacer siempre lo mismo con un resultado distinto.
Pero las costumbres tienen esa particularidad. Durante un momento piensas que las costumbres están para algo, será cosa de tradición. Traen bonitos recuerdos, nos obligan a repetir actos que deben ser mínimamente positivos para la vida, que estrechan lazos, o que al menos consiguen mantenerlos en pie. Y cuando descubres que esas tradiciones no tienen sentido, ni lógica, ni siquiera tengan un motivo por el cual existir, piensas, ¿cómo he llegado a tener esta “cosa” extraña en mi vida?
Las malas costumbres siempre son pendencieras. En algún momento de tu vida las puedes llegar a entender, en definitiva, a la gente le gusta ser así de malvada, tener esos secretos que siempre queremos contar pero que nunca llegamos a decir, por el misterio de saber que haces cosas malas y nadie lo sabe. Menudo morbo. De esas malas costumbres tengo bastantes, algunas muy conocidas por mi círculo social. En fin, uno no puede ocultar que cuando se tienen malos pensamientos y sospechas, se tienen. ¡Que cruel puede llegar a ser la vida! Y el sarcasmo.
Sin embargo, las costumbres raras tienen mayor delito. No son algo oculto, para empezar, y eso ya te obliga a conocer de su existencia. Ya se debe intuir que al ser raras y conocerse es una verdadera tortura. Yo creo tener alguna costumbre rara, supongo, pero como normalmente tiene que ser mala, pues la mantengo en un mutismo. Puede que exceptuando aquella de que si alguien bebe del vaso del que bebo yo, me lo tienen que cambiar: el vaso o el contenido del mismo, o las dos cosas. Menudos escrúpulos. Pero luego, puedo meterme en la boca un chupete babado o ser sincera hasta cruzar la indecencia. ¿Estoy hablando de los mismos escrúpulos o se consideran distintas acepciones?
Sin duda, mi intención no es otra que hablar de las raras costumbres de otros. Como eso de pedir siempre perdón, o de cenar a la hora en la que los jóvenes salen de botellón, o mezclar tomate con queso, tomillo, ajo, curry y atún (lo sé, es una verdadera monstruosidad), o creer que un piropo es una declaración de amor. Supongo que estas fechas tan amorosas sacarán a relucir muchas más costumbres raras. Pero para todos aquellos dispuestos a compartir sus ridículas costumbres quiero hacer una pregunta, ¿estáis seguros de que el planeta soportará tanta rareza?
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{What a cold!}

Siempre creí que estaba mal dicho. What a cold...no sé, pensando de forma literal uno puede creer que significa: "que un frío". Pero según el Google Traductor, en un nos lo podemos tragar, será eso de que los sustantivos en inglés tienen que ir acompañados de un determinante en caso de que no sean plurales. Yo no quiero entender a los ingleses, me basta con saber que de momento sigo sin olvidar cómo se habla el Inglés.
Yo lo intento deliberadamente. Pero eso de no tener mínimo 3 horas diarias de clases en inglés es un poco extraño. Veo las series en inglés, bastantes películas, me gusta contestar a gente que habla en inglés cuando tienen dudas *o intentarlo*...pero supongo que no es suficiente. Mi pensamiento inglés es lento y me estoy empezando a plantear que, quitando la lengua que más se usa, el resto se pueden ir olvidando paulatinamente.
Llevo tres días en mi casa, en mi mesa, en una perfecta posición de inmovilidad, tomando apuntes y escribiendo. Y con una manta. Siempre con una manta. En el contrato de mi piso, obviamente, no ponía que éste tenía tendencias glaciares, ni complejo de frigorífico; eso me tocaba descubrirlo a mí. Hoy en Economía nuestro profesor nos habló de los impuestos, que encarecen los precios y que por ello se suben en los bienes de primera necesidad, porque la gente no puede dejar de pagar por algo que necesita. Su comentario fue el siguiente: "nadie va a decir, no uso el agua para ahorrar, ni tampoco que no enciende la calefacción por el precio de la luz". Bueno...suerte que yo no soy nadie, porque hubiera quedado como un mentiroso. Es la función de mi manta, no encender el calefactor. ¿Por qué? Porque la luz ha subido este año, y ya está bastante cara como para contribuir por pasar un poco de frío. ¡Pues no! Manga larga, manta y santas pascuas.
Es parte de que me encante estar en mi universidad a parte, claro, de que las clases este semestre me están resultando perfectas. Pero lo mejor es entrar a primera hora de la mañana, enfundada en abrigos y bufandas, y tener que quedarse prácticamente en ropa interior del sofocante calor. Nunca se agradeció más el calor. Es como vestirse de verano, debajo de tanta chaqueta, porque no pasarás frío. Eso sí, no hay que olvidarse de ponerse de nuevo toda la parafernalia para salir a la calle. Hoy, muy valiente, bajé a la cafetería sin chaqueta, y el camino de regreso teniendo en cuenta que no se sale a la calle, sino que se pasa por al lado de la puerta que da a la calle, fue un auténtico infierno...bueno, no, porque se supone que en el Infierno hace calor.
También he tenido día de sensaciones. La sensación de que soy una rebelde. La típica historia del hijo que se rebela en contra del padre porque no le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Sólo que yo hago mucho caso a mis papis. Mi rebeldía no va en contra de ellos, sino de los demás. Puede que, en varias ocasiones, me proponga algo, o escojamos cualquier verbo, que si alguien se propone que yo lo cumpla, ya no quiero. Ejemplo simple: quiero un caramelo, si alguien me lo consigue, ya no lo quiero. Puede que no sea rebeldía, sino el simple hecho de querer guisarme las cosas sola, de tener méritos propios con las cosas. Claro que todo tiene sus excepciones.
Y también la sensación de que me gusta pegarme cabezazos contra la pared. Más de una vez he dejado claro que soy masoquista, lo reconozco. Oye, cada uno tiene sus defectos, o sus rarezas por así decirlo. La mía es esa. Hay veces que me gusta que me traten mal, pero no todo el mundo, sólo a la gente que se lo consiento. No que me traten como si fuera un desecho humano, eso no es masoquismo, es crueldad. Es más un juego y cuando ese juego lo olvidas, te crees que puedes jugar a hacer otras cosas. Y una vez más, el hombre *mujer en este caso* tropieza con la piedra, se acuerda del juego, y le golpea de nuevo. Y ahí estamos otra vez, dándome cabezazos.
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{Excited}

La palabra de la risa. La palabra que suscita. ¿Quién no recuerda los false friends? ¿Quién no creyó, alguna vez, que excited se traducía como excitado? ¿Quién no se rió cuando nos dijeron que, en realidad, significaba entusiasmado? Pero los falsos amigos tienen eso, que en cualquier diccionario Españo-Inglés, Inglés-Español, buscas excited o excitado...¡y son su propia traducción! Vamos, que tanta gente creyó lo que por lógica era, que al final hasta lo han aceptado.
Puede que de siempre excited haya significado excitado, pero que era una palabra demasiado....morbosa, como para decirle a los niños que, además de emocionado, también significaba lo que todos creimos alguna vez que significaba.
Tampoco sé por qué estoy hablando precisamente de esto. A santo de que este monólogo con tendencias sexuales. Pero antes de ayer no lo pensaba, ayer me rondaba y hoy, en medio de mi "obligación" por escribir 28 entradas en Febrero *hagan cuentas...*, decidí dar rienda suelta al comentario. Si lo pienso bien, puede que inconscientemente ayer ya lo estuviera preparando al hablar de "juegos". Y demasiadas comillas voy poniendo en mi texto con la poca costumbre que tengo.
Hoy me he hecho una lista de reproducción, esas nuevas del Youtube, que pones canciones y se van reproduciendo solas. La verdad es que si alguien coge mi iPod mi lista de reproducción, pensaría varias cosas: que he mutado, que he robado el iPod, que me han robado la cuenta del Youtube...O eso, o es que tengo ganas de fiesta, porque llevo más de una hora con la música de discoteca taladrándome los oidos y no me inmuto. Decidido: las horas de pasar apuntes a limpio de Economía se tornarán disco. Quien sabe, a lo mejor los números animosos entran mejor en la cabeza.
La perversión que nos ronda la cabeza en esta sociedad es contagiosa. Y si lo piensas, muchas veces se oculta. Complicidad entre personas que han pensando igual de mal y sólo se miran, por miedo a decir lo que pensaron y que los tachen de...¿de qué? ¿De mal pensados? Uy, que peligro. Yo soy más de soltar el comentario al aire, luego pensar lo mal que se puede interpretar, y decirlo yo antes que los demás. Recientemente se produjo una situación de este tipo, alguien que hace un comentario desafortunado, y mi reacción y la de alguien más fue desternillarnos de la risa, sin problema. El pensar mal es un gran juego, porque da pie a empezar con las interpretaciones y, se quiera o no, da lugar a grandes conversaciones. Un poco bobas, pero conversaciones al fin y al cabo.
Hoy me siento sexy. Entiéndase bien, no me he mirado al espejo y he querido besarme. Ni he pensado que soy preciosa, guapa, espectacular, y que todo hombre debería rendirme culto. Eso es sentirse *o ser* creída de narices. Simplemente me he sentido agusto conmigo misma. Do-it-myself. Esos días que te tomas las cosas con calma. Como no puedo fregar porque hay mil platos en la pila. No me enfado. Dejo mis platos y pienso que ya fregaré más tarde. Me siento y tardo dos horas en ponerme a pasar apuntes. No me apuro. Me tranquilizo pensando que tengo todo el día, y que por la noche siempre podré sustituir la televisión por el lápiz y el papel, esa tecnología que no se ha superado, diría Luis Conde.
Y puede que el estar relajada, el tener el tiempo tan bien repartido que puedo volver a ocuparme de mis aficiones, me hace no ser considerada con los demás, sino deliberadamente pasota. Y que se preocupe la madre de cada uno de sus retoños, que bastante tengo yo con hacer me mi propia madre mientras espero a que la mía pueda venir a visitarme. De hecho, tengo el tiempo tan bien repartido, que creo que me he excedido. Mi afición fundamental es leer. Bueno, pues se me han acumulado una gran variedad de libros y no sé qué hacer con ellos. Porque la estantería me la compro en Marzo y no tengo espacio en mi cuarto. Hoy quería ir a devolver un libro, y estaba cerrado. Cosas que pasan. Así que, tengo un libro leyendo, otro esperando y por las noches me dedico a leer relatos en dos de mis páginas de relatos por excelencia. No sé si por excelencia o por descarte, porque no entro a ninguna otra. Antes sí, pero ya no. Me ahogo en mi redundancia.
Y parece que me he perdido en mi propia conversación, que he empezado a hablar de la traducción inglesa de excitado y he terminado contando que leo relatos. Pero yo no he dicho qué tipo de relatos son...
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{Bostezo}

Y no tengo sueño. Ni me aburro. Ni me duermo. Uno, dos, tres...Recuerdos: una vez alguien desconocido para mí comenzó a conocerme de la mejor manera posible, dejándome ser dañina. Dañina en un sentido gracioso, dejándome hacer mis comentarios irónicos, mis burlas y mis tontas gracias. No me conocía, no sabía quién era, ni cómo pensaba o me comportaba. Pero aceptó el juego, decidió jugar a ver quién era el más listo: si yo atacando o él haciéndose el ofendido. Y funcionó. Fue un juego entretenido, nacido de la espontaneidad y con un gran atino.
Y los números me traen recuerdos, porque en una conversación primeriza se estableció de mala manera el hecho de que aquí nadie sabía contar. Yo no llegaba a más de 10, si no me equivoco, el día que llegué a 90 fue como un gran logro. Quien me lo diría, aeronáutica boba.
Y son esas cosas las que se notan. Complicidad. No es como otras características, sensaciones, sentimientos, percepciones...La complicidad es real y palpable. No da miedo, ni pena. Simplemente está ahí, fácil de conseguir, fácil de mantener. Es curioso como podemos encontrar bastantes personas con las que, a largo plazo, podemos tener una complicidad. Incluso complicidades instantáneas en algunos momentos.
Con mi Darling tengo una gran complicidad. De aquellas de miradas, de gestos de piedra. Nos miramos, como quienes se miran y dicen: "estamos pensando lo mismo". Pero con otra mirada podemos darnos cuenta de que no, son cosas distintas. Y una más cierra el círculo de saber que es lo que piensa una y otra. Un gesto, los simples codazos de colega, que son como una breve punzada, un movimiento milimétrico del brazo que es suficiente para que las miradas comiencen su ciclo de intercambios.
Luego está esa complicidad que no se ve. Porque, incluida yo, todos pensamos con complicidad a las miradas y las cejas enarcadas. Pero también está la complicidad en su definición. Esa que, aunque no tengas a la persona frente a ti, ni cercana físicamente, se tiene. Esa se descubre jugando. Y ahora que lo pienso, jugar es una palabra...atente a susceptibilidades, con doble sentido en la actualidad. Como ver la foto de Oliver Aton y Benji *¿cómo se apellidaba Benji?* en las duchas...¡que gente tan perversa! El mundo nos hace pervertidos, y decir que eso se descubre jugando, ahora que lo pienso, no tiene muy buena pinta. Offt-topic, me vuelvo al tema principal. Salirse del tema tiene eso, que te olvidas.
En definitiva, la complicidad se descubre jugando. Cosas que me pasan. Experiencias. Formas de verlo. Opinión. Aquí cada uno tiene su forma de verlo, para algunos la complicidad puede ser el pasar una tarde en silencio porque no hace falta decir nada *a pesar de que pocas personas aguantarían el silencio duradero*. Yo creo, CREO, que la complicidad pasa por pruebas, son pequeños intentos de las personas por descubrirla. Como cuando conoces a alguien, que lo tanteas con preguntas para hacerte una idea definida y menos prejuiciosa. La complicidad empieza breve, una mirada. Devuelta, significa que está aprobada. Devuelta con desgana, es preferible que no sea devuelta, que las cosas hay que hacerlas con ilusión.
Alguien me dijo también, alguna vez, que lo mejor que tengo es mi mirada, porque es totalmente expresiva. Otra persona me dijo muchas veces al día provoca situaciones sólo para ver mis miradas. Supongo que soy tan directa de una forma o de otra. A lo mejor es que tengo miradas de panoli, así me pillen mintiendo o con cara de tonta.
Pero independientemente de ello, me gusta tentar, mirar y esperar las reacciones. Un, dos, tres...yo miro, y los demás interpretan.
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{Un año y once meses *Modoru midori ni...*}

He vuelto. No como un fantasma que se pasea de vez en cuando por los recuerdos de gente perdida, gente anecdótica, moraléjica *que viene siendo, en un idioma hipotético, adjetivo de moraleja*, sesgada...Vuelvo como vuelve el verde, como retomamos los inicios, como tropieza el hombre con la primera piedra con la que tropezó en su vida. He vuelto como quien piensa que nunca lo haría. O quizá sí.
A lo mejor se trata de eso, de volver de forma inconsciente, premeditada en un sueño profético, premónico. Las personas nos repetimos que nunca volveremos a comportarnos como lo hicimos, que nunca realizaremos las acciones que cometimos, los errores, pensamientos, comentarios, devenires. Al final, simplemente, algunas cosas quedan tan lejos de la realidad, tan en el olvido *como cuando recuerdas un hecho al que no le puedes determinar la edad*, que las repites de forma inconsciente porque no recuerdas haberlas hecho nunca, porque son como algo nuevo, un error que cometerás porque lo hiciste una vez y no suspiste conservarlo en tu memoria.
Vuelvo al verde con la esperanza de que sea mi único movimiento de retroceso. 2009 fue una buena época. Abrí mi blog con la esperanza de vaciar mi cabeza *dichose de otra forma, a lo Dumbledore y su pensadero* de pensamientos que la obstruían, amenazaban, oscultaban. Tras la época buena vinieron todas las malas, y con certeza afirmo que las peores están por llegar. Porque tendemos a la imitación extrema, que no es otra cosa que imitar hasta la propia Tierra, con sus periodos glaciares y desérticos. Así voy yo, estoy en el pico de mi gráfico de desgracias, en una parábola continua de desastres de Lemony Snicket.
En esta época mala, ahorrándome el tópico y el buenaventurado aquel que recuerda lo bueno y deja pasar lo malo, me ahorro también el escribir sobre la Navidad. Como de extremismos se trata, he dejado a un lado la tentación y he dejado pasar Enero sin escribir lo más mínimo, con la clara intención de olvidar por completo que Enero fue un mes del año. Curioso puede resultar, ya que ha sido un mes muy interesante, un buen comienzo de año, un mes que he disfrutado sin cesar y que recordaré por su perfección. Pero este Blog versa sobre algo más que mi vida, versa sobre mis intenciones, aspiraciones y pensamientos...y mis intenciones no son hablar de la Navidad. Eso ya lo hemos hecho y con una vez basta. Aviso a enamorados por San Valentín, puede que el amor salga de mi boca mucho antes de aguantar las tartas de color rosa.
Pero, al fin y al cabo, estamos en 2011, y 11 meses son precisamente lo que le viene bien a este año. Recortemos el presupuesto, ahorrémonos los gastos de un mes y centrémonos en los siguientes. Quien sabe, si le vamos quitando meses al año, puede que los años no sean tan malos, ni tampoco tan buenos. En la mediocridad está la virtud, dijo Aristóteles. ¿O era en el punto medio? Me vale lo mismo, así lo interpreto. El punto medio es el ahogo de la persona, quien no arriesga, no gana, ni pierde, ni vive si concluimos. Para seguir citando, no de manera implícita, Dante Alighieri reservó uno de sus círculos del Infierno a los mediocres, a los que no se postraban ante una postura, a los que se quedaban impasibles, a la espera de que la vida les pasara.
Hoy he tenido mi primera clase de Economía. Puede que haya tenido mi primera clase de otras asignaturas que, de momento, por exceso de asco o por desidia, voy a olvidar deliveradamente. Nadie nunca afirmaría que la Economía te hace pensar en otra cosa que en números, cuentas, fórmulas, y esa sección del periódico que, junto con el Editorial y alguna mes, te abstienes de leer. Puede que sea el profesor, o puede que yo misma, pero mis reflexiones se tornaron poco numéricas mientras el profesor nos hablaba de Macroeconomía. Interesante ver que hay gente en el mundo que merece mucho la pena, pero que no ostenta nada. Porque puede que la vida funcione así, y que nos tengamos que dar cuenta de que el poder es nocivo para las personas. Todo aquel que tiene las cualidades de un digno magnatario no lo será jamás, porque no quiera o porque, en el momento que se le ocurra, el poder hará que se vaya olvidando de todo lo que le hacía especial. Y esas cualidades son del tipo de las que si las olvidas, nunca te vuelves a tropezar con ellas.
Y es Febrero y podemos pensar que el tiempo pasa muy deprisa, que Carnavales, Semana Santa y ya estamos en verano. Pero nosotros vamos a la misma velocidad que el tiempo, y puede que la celeridad nos obligue a pasar por alto muchas cosas. Puede que nos centremos en las tonterías, que esas sí que son velocísimas, y nos descentremos. Puede que, con lo rápido que pasa todo y con el olvido, repitamos incluso hasta lo que hicimos con desatino el mes pasado. Sin embargo, en realidad, lo único que nos tiene que importar es que estamos donde queremos estar, que somos desconocidos para la sociedad, y que el hecho de que veinte personas nos conozcan no nos hace importantes. Tenemos que olvidar, con seguridad, que los demás pueden opinar sobre ti, que tú mismo eres quien se juzga y quien entorpece tu camino. Simplemente hay que hacer, ir rápido, ser audaces, consecuentes y astutos. Reflexionar es bueno, pensar también, y el hacer que los demás piensen no es sino intentar ayudar a la humanidad. Soy de las que opinan que tres personas no pueden cambiar el mundo, pero supongo que lo importante no es que el mundo cambie, sino que uno se sienta bien porque su meta es intentarlo.
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  • Hola, mi nombre es Ruth y soy ingeniera aeronáutica, residente en Madrid (España)
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Ruth Salinas

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